FASES DE LA CREACIÓN

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INTRODUCCIÓN

Los seres humanos siempre hemos sentido la necesidad de explicarnos el origen de nuestra existencia, el origen del mundo en el que vivimos y el del universo. Tan necesario ha sido para nosotros resolver tales misterios que, a lo largo de nuestra historia, hemos creado multitud de leyendas diferentes en las que relatábamos con detalles los principios de todo. El hombre antiguo saciaba su sed de conocimiento, sobre cuestiones tan transcendentales, elaborando exóticos cuentos, fantásticas narraciones que describían las fases de la creación. Historias que habitualmente no las percibía como propias, sino reveladas desde el más allá. Relatos que explican de las formas más sorprendentes la creación del universo, del sol, de la Tierra, de las cosas, de los animales y del hombre. Labores creadoras comúnmente atribuidas a los dioses, a grandes espíritus o a poderosas fuerzas esotéricas. Mitos que surgieron por todos los rincones de la tierra. En muchos casos importantes pilares de religiones, génesis de sus particulares historias sagradas. La mayoría creencias ya muertas, excepto las que permanecen vivas en las religiones actuales.

En los últimos tiempos, y en nuestra civilización, los mitos sobre la creación han ido perdiendo credibilidad eclipsados por las teorías científicas. Darwin, por poner un ejemplo, con su teoría de la evolución de las especies, desprestigió a la mayoría de los mitos sobre la creación de la especie humana. Sin embargo, todavía permanecen vigentes algunos de ellos, e incluso se continúan creando nuevas suposiciones sobre la creación en el seno de nuevas creencias emergentes. Un ejemplo lo tenemos en las personas que creen en la existencia de los extraterrestres y consideran a la especie humana como resultado de un experimento biológico de otra civilización superior venida de las estrellas.

La pervivencia de los mitos de la creación probablemente sea debida a que éstos dan unas explicaciones más sencillas, globales y compresibles que las complejas teorías científicas. Las ciencias muestran retazos descubiertos de las fases de la creación, en ocasiones difíciles de entender y con grandes lagunas entre ellos. Una gran unificación de las ciencias impulsaría notablemente su avance desmitificador, fortalecería la verdad de la razón del método hipotético-deductivo frente a las verdades de las revelaciones, y obtendríamos un mapa científico de nuestra realidad más completo que el actual. Las ciencias han conseguido muchas de las piezas del puzzle de dicho mapa, pero frecuentemente no se consigue que encajen unas con otras. Faltan piezas por encontrar o, sencillamente, desconocemos la imagen que con ellas tenemos que construir; desconocemos la figura que sirve de orientación para recomponer cualquier puzzle.

Otra de las causas que suele dar fuerza a los mitos es su naturaleza espiritual, valorada muy a menudo por encima del frío materialismo científico. Una simple leyenda de un dios creador, dirigiendo el nacimiento del universo, satisface más a muchas personas que el explosivo big bang de procedencia desconocida. Aunque una explicación puede no excluir a la otra. Ambas opciones, en apariencia incompatibles, son aceptadas simultáneamente cuando se admite la teoría científica de la creación del universo pero dirigida por una mano divina. Son muchos los científicos creyentes en un poder divino hacedor de las leyes de la Naturaleza. La necesidad humana de obtener explicaciones satisfactorias sobre nuestros orígenes permanece en ocasiones tan fuerte como en la antigüedad, consiguiendo unir en una difícil simbiosis ciencia y creencia, razón y fe.

Aunque los viejos mitos sobre la creación hayan sido desprestigiados por las ciencias, a menudo continúan conviviendo con el pensamiento científico. Esta extraña convivencia puede ser causada por el empecinamiento de la fe en algunos casos, pero en otros es provocada por una cierta intuición que considera la dimensión espiritual como parte esencial en la creación. La idea de que más allá de la materia existen importantes factores creadores universales se encuentra muy extendida en la actualidad, pero resulta muy difícil demostrarlo. Las ciencias realizan una labor asombrosa desvelándonos secretos del mundo material, pero no se desenvuelven con la misma destreza en lo inmaterial. La psicología, por ejemplo, dividida en varias ramas, tiene que realizar grandes esfuerzos por aplicar el método científico en sus investigaciones. Sabido es que las realidades no materiales difícilmente se dejan medir, y las movidas mentales son una de ellas.

De todas formas, el esfuerzo que la psicología realiza por ser científica la convierte en la disciplina más seria de estudio de lo no material. Lo que nos permite buscar entre sus descubrimientos fragmentos no materiales del puzzle de nuestra realidad, sin miedo de caer en especulaciones religiosas o fantasiosas. Exploración que nos lleva a encontrar algo muy interesante: el papel participativo de nuestra mente, de nuestra consciencia, en la creación de nuestra realidad. La psicología nos dice que la percepción del mundo y de sus objetos es algo que construimos nosotros con complicados procesos mentales. Está demostrado que nuestra mente es un factor muy importante en la creación de nuestra realidad, de la visión que tenemos del mundo, por lo que es muy posible que el papel de la mente fuera esencial en las fases de la creación.

Incluso la Física ―la reina de las ciencias― reconoce que el observador es una parte activa en los experimentos, que la conciencia es un elemento fundamental en la creación de la realidad. A esta conclusión se llegó hace décadas, cuando se empezó a desarrollar la mecánica cuántica. Se trata de un descubrimiento muy importante, probablemente una pieza esencial del puzzle de nuestra existencia; pero no se ha encontrado la forma de hacerla encajar con el resto de lo que sabemos.

Esto nos recuerda a la vieja sospecha de que la vida pueda ser un sueño, una creación de nuestra mente, una ilusión. Hipótesis que ha permanecido aislada en nuestra cultura, arrinconada en la filosofía. Considerada por sus reducidos partidarios como fundamental, aunque para los demás no ha pasado de ser una mera curiosidad, pues nunca consiguió conectar con el popular entendimiento materialista occidental de la existencia.

Existen numerosos indicios de que estas hipótesis puedan ser ciertas, pero no suficientes como para convertirse en teorías aceptadas; se intuye que son importantes piezas del puzzle de nuestra existencia, pero no se consigue que ajusten adecuadamente con las demás piezas ya reconocidas; se acepta que la mente es un elemento creador de realidad, pero no se sabe cómo se realiza este proceso ni en que grado de profundidad. Hasta ahora no se han encontrado las pruebas suficientes de que la mente sea la principal fuerza creadora de lo que llamamos realidad.

Y decimos hasta ahora porque a partir de ahora las cosas pueden empezar a cambiar. En las últimas décadas, nuestro desarrollo tecnológico ha creado multitud de diversas tecnologías destinadas a provocar sensaciones de realidad. Vivencias artificiales que nos muestran la facilidad con que nuestra mente puede crear tales sensaciones a partir de unos determinados efectos especiales. El uso masivo del cine y de la televisión ha generalizado dichas vivencias. Y la cultura del ordenador también ha venido a sumarse a esta incesante creación de espacios virtuales. Alcanzando la informática su grado máximo de ilusionismo con las sofisticadas tecnologías de realidad virtual; capaces de proporcionar unas vivencias, tan similares a las que tenemos en la vida diaria, que han despertado la sospecha de que podamos estar viviendo en una virtualidad generada por algún supercomputador. Idea muy extendida en la ciencia-ficción (véase Matrix).

Pero el portentoso sistema informático, que nos sumergiría en una existencia virtual a todos los seres vivos, tiene muy pocas posibilidades de existir. Los seres humanos llevamos mucho tiempo investigando a la Naturaleza y no hemos vislumbrado nada parecido. La posibilidad de que podamos estar enchufados a una poderosa máquina, que nos estuviera sumergiendo en una ilusión, es muy remota, por no decir imposible.

La hipótesis de que podamos estar viviendo en una realidad virtual, para consolidarse, necesita encontrar un soporte aceptable donde se estaría generando la virtualidad. Un descubrimiento que es posible no necesite de grandes investigaciones científicas para realizarse, pues algo de tal trascendencia es muy probable que ya esté descubierto y solamente sea necesario reconocerlo.

La vieja hipótesis ―comentada anteriormente― que considera a la mente como la principal creadora de realidad, nos pone en bandeja el descubrimiento. Según esta vieja sospecha, si vivimos en una realidad virtual, el soporte generador de ilusiones se encontraría en la dimensión mental.

Si ambas hipótesis son acertadas, estaríamos viviendo en una realidad virtual generada en un soporte mental, como se generan los sueños que tenemos mientras dormimos; pero con una precisión programada semejante a la de una virtualidad informática.

La prueba de que esta nueva proposición puede ser acertada la encontramos en que fortalece los dos supuestos de los que parte, y crea un nuevo modelos de nuestra realidad capaz de arrojar luz sobre algunas de nuestras viejas dudas existenciales y sobre modernas interrogantes científicas. La unión de estas dos hipótesis ofrece una nueva imagen del puzzle de nuestra realidad, un nuevo mapa de nuestra existencia capaz de unir elementos que todavía no habían encontrado su lugar. Una nueva teoría de la realidad que incluso podría favorecer la unificación de las ciencias al incluir factores no materiales, y sin necesidad de creencias religiosas.

La vieja hipótesis de que la vida es sueño, unida a la moderna suposición de que podamos estar viviendo en una realidad virtual, nos ofrece una extraordinaria visión de la existencia y nos sugiere un nuevo y revolucionario planteamiento de las fases de la creación. Al unificar ambos supuestos, suponemos que vivimos en una realidad virtual semejante a un sueño, o que la vida es un sueño creado de forma parecida a como se crea un ciberespacio informático. Unificación que modifica las características originales que cada uno de los dos supuestos tienen por separado, y nos ofrece más semejanzas con la realidad de nuestra existencia que si nos limitamos a considerar la vida como un sueño solamente, o como una realidad virtual exclusivamente.

Si consideramos únicamente que la vida es sueño, encontramos abundantes coincidencias con la realidad, pero nos faltarán otras esenciales para fortalecer dicha hipótesis. De hecho llevamos milenios sospechando tal posibilidad y todavía no nos ha convencido del todo.

Y, si consideramos únicamente que la existencia es una realidad virtual, semejante a las generadas en los ordenadores, encontraremos abundantes coincidencias, pero también nos van a faltar argumentos esenciales para fortalecer la validez de dicho supuesto. Si la vida es sueño, no es un sueño igual a los que podemos tener cada noche cuando dormimos; y, si nuestro universo es una realidad virtual, no es idéntica a los ciberespacios que se puedan generar por medios informáticos. Sin embargo, si unimos ambos supuestos y sumamos sus correspondientes coincidencias con la realidad, crearemos un modelo figurativo de la existencia superior a los dos modelos que lo componen.

En mi libro titulado “Virtualismo” podemos encontrar razones suficientes para tomarnos en serio esta nueva visión del existir, y sobrados motivos para sospechar que nos encontramos sumergidos en un sueño con unas características muy semejantes a las realidades virtuales generadas en los ordenadores.

 

MODELO CREADOR INFORMÁTICO

Una nueva teoría universal de la existencia necesita una nueva hipótesis sobre la creación. Un nuevo modelo de nuestra realidad tiene que incluir una nueva visión de las fases de la creación y un nuevo modelo creador. Y, si es cierto que vivimos en una realidad virtual, habrá de tratarse de un modelo creador de virtualidad.

Sabiendo que la informática es una fuente inagotable de creaciones virtuales, vamos a recurrir a ella para mostrar un ejemplo que se ajusta los casos que encontramos en la Naturaleza. Una realidad virtual generándose en un sencillo ordenador personal nos ofrece una idea básica del modelo que andamos buscando.

Sabemos que si la vida es sueño, es un sueño muy especial; y, si vivimos en una realidad virtual, se tratará de una virtualidad con notables diferencias de las generadas en los ordenadores. Una de las diferencias del sueño de la vida, con los sueños que tenemos cada noche, es que podemos estudiarlo mucho mejor, ya que su escenario es mucho más estable que el de los sueños nocturnos, con una consistencia muy semejante a la de una realidad virtual generada en un ordenador. Las leyes de la Naturaleza actúan como los comandos de una realidad virtual generada en un soporte digital. Las coincidencias de nuestro mundo con los mundos virtuales informáticos nos invita a hacer uso de la metáfora del ordenador programado para generar una realidad virtual semejante a la realidad física.

En la figura 1 vemos el esquema de un ordenador personal donde quedan representados sus elementos y sus funciones elementales. La unidad central de proceso es donde se realizan las operaciones matemáticas, compuesta principalmente por el microprocesador. En el cual encontramos un oscilador, un generador de cierta frecuencia, que marca la velocidad de tratamiento de los bits; del cual nos hablan las características de un microprocesador cuando nos indican a los megahercios que trabaja, a la velocidad que genera bits y los hace circular por los procesos matemáticos. El oscilador genera las vibraciones que mueven el proceso de datos y marca la velocidad de procesamiento. Aunque habitualmente pase desapercibido, es un elemento necesario en los ordenadores.

Otro encuadre que se encuentra dentro de la unidad central de proceso es el programa. Todo ordenador necesita ser programado para que funcione. Habitualmente son más de un programa los que trabajan combinados. En el caso de los ordenadores personales, encontramos el programa del sistema operativo y el resto de programas que acoge.

En otro encuadre encontramos a la memoria del ordenador, que también se compone de varios tipos de memoria que trabajan coordinadas (RAM, RUM, disco duro, flexible, etc. ). Más abajo encontramos el monitor y los altavoces, unidos en un encuadre porque ambos elementos inciden sobre la persona, influencia indicada por las flechas rojas. Las flechas verdes nos indican la influencia que la persona ejerce en el ordenador, a través del teclado, del ratón o del joystick. Y las flechas negras de puntos corresponden a los cables de datos que unen cada grupo de elementos con la unidad central, la dirección de cada flecha nos indica el sentido en el que circulan los bits.

Este es un modelo básico de un generador informático de realidad virtual en un ordenador personal. Pero todavía falta por representar en nuestro esquema algo primordial, falta precisamente la realidad virtual. Quizás el elemento más importante, ya que, cuando se consigue vivir una virtualidad intensamente, los medios que se utilizan para crearla suelen perder importancia. A pesar de ello, muchas personas la ubicarían incorrectamente en el monitor de nuestro esquema; por esa razón la hemos omitido de la figura, para evitar confusiones.

La realidad virtual generada en nuestro modelo informático no se puede ubicar en la pantalla del monitor a pesar de que pueda pensarse lo contrario. Una realidad virtual se representa en la mente de la persona que está sentada frente al ordenador. De la pantalla solamente surgen los efectos especiales que provocan la sensación de realidad. Un ejemplo de ello lo encontramos en el efecto tridimensional. En los escenarios de un videojuego en 3D ―por ejemplo― percibimos las tres dimensiones: largo, ancho y alto; percibimos profundidad, algo que no existe en el monitor ya que su pantalla es totalmente plana. La sensación de un espacio tridimensional, de un ciberespacio, se produce en nuestra mente provocada por los efectos ópticos programados en el ordenador. Esto resulta aun más evidente cuando se hace uso de sofisticados sistemas de realidad virtual. Los más diversos artilugios que nos podamos poner en el cuerpo provocarán en nosotros vívidas sensaciones de realidad, pero dichas experiencias no residen de los aparatos. La vivencia de estar sumergido en un ciberespacio se produce en nuestra mente, gracias al conjunto de efectos especiales que el sistema de realidad virtual nos hace percibir por nuestros sentidos. Comprender esta correcta ubicación de la realidad virtual es de suma importancia para nuestro modelo creador, por esa razón la vamos a incluir en las figuras, aunque no se trate de un elemento material. En la figura 2 ya podemos observarla, generada por los efectos especiales que nos llegan del ordenador indicados por las flechas rojas, y representada en el interior del encuadre que corresponde a la persona, pues es en su mente donde se produce.

Ahora vamos a imaginar que una persona se pone un traje especial de un sofisticado sistema de realidad virtual, con un visiocasco y en una sala preparada para tal fin, de tal forma que cada uno de sus sentidos perciben solamente las señales del ordenador, y, a su vez, todos sus movimientos son captados por el sistema. Estos sistemas pueden sumergir profundamente a las personas en una realidad virtual. En la figura 3 vemos esquematizado su funcionamiento. El monitor y los altavoces del ejemplo anterior desaparecen para ser sustituidos por un sofisticado sistema de percepción que induce en cada uno de los cinco sentidos de la persona los efectos artificiales que le crearán la ilusión del ciberespacio con un elevado grado de realismo. Y el teclado, el ratón y el joystick también desaparecen, son sustituidos por un complejo sistema que capta los movimientos de la persona en cuestión. Cada uno de los cinco sentidos perciben lo que el ordenador tiene programado, y cada uno de los movimientos de la persona son transferidos al ordenador, procesados y trasladados al ciberespacio.

Si no se comprende como funcionan estos sofisticados sistemas de realidad virtual, conviene informarse sobre ellos antes de seguir adelante, ya que nos proporcionan el modelo definitivo creador de virtualidad que estamos buscando. En mi libro VIRTUALISMO se puede encontrar información suficiente al respecto, especialmente en los capítulos SISTEMAS DE INMERSIÓN y CIBERESPACIOS.

 

MODELOS BIOLÓGICOS:

La importancia de este sofisticado modelo informático que acabamos de ver radica en que lo encontramos frecuentemente en la Naturaleza. Incluso los seres humanos funcionamos según nos muestra su esquema. El cuerpo humano se comporta como esos sofisticados trajes de complejos sistemas de realidad virtual. Un denso traje de carne y hueso en el que nos encontramos introducidos para vivir el videojuego de la vida. Un traje con el ordenador incluido, como podemos ver en la figura 4, donde la unidad central de proceso la componen el sistema nervioso junto con el cerebro. Computadora que controla lo que perciben los sentidos, los cuales forman el sistema de percepción que induce en la persona la visión virtual de su mundo personal. Ordenador biológico que también controla las decisiones que toma la persona a través del sistema de actuación, cuyas consecuencias verá representas en su mundo personal, después de haber sido procesadas por su sistema nervioso, central de proceso biológico. El encuadre azul continúa representando la mente de la persona, ya que toda realidad virtual se forma en la mente, ya sea la virtualidad generada por un sistema informático o por un sistema biológico.

Este modelo humano, y los modelos informáticos, los conocemos lo suficiente como para que nos sirvan de ayuda para diseñar el posible modelo creador del universo. Aunque conviene advertir que el modelo humano es de una enorme complejidad todavía por descubrir. Por ejemplo: el oscilador que usa nuestro cuerpo probablemente no sea único, son muchas las ondas cerebrales que se captan, o incluso variaciones químicas de impulsos nerviosos. Con el programa sucede otro tanto: nos impulsa un programa instintivo, pero también existen programas culturales, educativos, hábitos sociales, etc. Y en la memoria nos encontramos con la memoria inconsciente, con la histórica, con la cotidiana, etc. Además el ordenador personal formado por el sistema nervioso de un cuerpo humano está conectado al resto de los ordenadores, al resto de personas de su contorno, a través de una complicada red de comunicaciones que influye determinantemente en la creación de cada mundo personal.

Este modelo humano ―si estamos en lo cierto― podría mejorar las investigaciones de la psicología e impulsar la unificación de sus diferentes ramas. Además, es un modelo universal que también se puede aplicar al mundo animal. Cada ser vivo es un sistema generador de realidad virtual. En la figura 5 podemos verlo representado. A pesar de que en la Naturaleza existe una enorme variedad de seres vivos muy diferentes entre si, con una gran diversidad de sistemas de percepción y de actuación, cada uno de ellos se comporta de forma semejante a nuestro modelo básico creador de virtualidad.

 

SISTEMAS DE PERCEPCIÓN

Como ya hemos apuntado, los sistemas de percepción son indispensables para dar realismo a una realidad virtual. De un ordenador doméstico lo forman el monitor y los altavoces. De un sistema informático más sofisticado lo formarían el casco con auriculares y con unas gafas especiales que llevan una pequeña pantalla para cada ojo, salas especiales con grandes pantallas, o cualquier artilugio diseñado para aumentar la sensación de realismo. Cuanto más sofisticado es el sistema de percepción de una realidad virtual más sensación de realismo transmite.

Si recibiéramos directamente el incesante trasiego de bits de la unidad de proceso de un ordenador, donde se está generando un ciberespacio, solo percibiríamos ruidos o luces sin sentido. Es necesario un sistema de percepción que transformen los bits en unos efectos especiales que nos provoquen sensaciones de realismo en cada uno de los sentidos que vamos a usar para percibirlos.

En los seres vivos es donde encontramos más variedad de sistemas de percepción, compuestos unos sentidos que reciben impresiones físicas o químicas que después son procesadas por los sistemas nerviosos y cerebros, para posteriormente ser presentadas a la consciencia trasformadas en impresiones que causan sensaciones concretas. A través de nuestros sentidos, por ejemplo, recibimos constantemente infinidad de impresiones. Los ojos reciben radiaciones electromagnéticas del espectro luminoso, nuestros oídos no cesan de percibir ondas acústicas, nuestro olfato y gusto variaciones químicas, y nuestro tacto diferencias de presión o de temperatura. Si todo ello lo percibiéramos tal y como lo reciben nuestros sentidos nos volveríamos locos. Nuestro cerebro es el encargado de seleccionar y de transformar lo que podemos asimilar, lo que nos conviene ver, sentir o gustar, para después elaborar con todo ello un conjunto que nos resulta comprensible, de tal forma que vivimos en un mundo construido por nuestro cerebro. Hasta tal punto es así que no solamente percibimos sensaciones provocadas por percepciones ligeramente modificadas, nuestro cerebro puede transformar extraordinariamente lo que recibe antes de entregárselo a la consciencia, puede colorear el frió y matemático mundo físico hasta acabar convirtiéndolo en una auténtica obra de arte que nos maravilla. Los colores, por ejemplo, no existen el mundo material, son una de esas creaciones extraordinarias de nuestra mente. Por los ojos solamente percibimos una pequeña gama de radiaciones electromagnéticas, es nuestra mente quien se encarga de colorearlas convirtiéndolas en la gama de colores del arco iris. Los colores existen solamente en nuestra mente, de la Naturaleza nos llegan únicamente ondas electromagnéticas semejantes pero de diferentes frecuencias. Y algo semejante se repite en cada una de las sensaciones que percibimos por cada uno de nuestros sentidos, nos llegan unos efectos especiales que después nuestra mente trasforma antes de llegar a nuestra consciencia.

Esta labor también la realiza el monitor de un ordenador, a él le llegan conjuntos de bits diferentes, de impulsos eléctricos que luego convierte en imágenes que pueden ser sumamente artísticas. Y cuanto más moderno, sofisticado y complejo sea ese monitor nos proporcionará una visión más real de lo que nos presente. Y cuanto más sofisticado sea un sistema de percepción de un ser vivo, más realista será la impresión de nuestro supuesto mundo virtual que éste obtendrá. Por lo que podríamos deducir que nosotros, los seres humanos, al poseer el sistema nervioso más evolucionado, poseemos el sistema de percepción más perfeccionado que la Naturaleza ha conseguido crear. Somos los seres que con más calidad percibimos la realidad virtual en la que supuestamente vivimos, poseemos el sistema de percepción de la Naturaleza que mejor consigue hacer vivir como real un mundo que no lo es.

En la figuras observamos una flecha de puntos que nos señala una transferencia de datos de la unidad central al sistema de percepción. En un ordenador personal esta transferencia se realiza por el cable de datos que va del ordenador al monitor. Por ese cable circulan Infinidad de bits sin sentido para nosotros que el monitor se encarga de convertir en imágenes aceptables para nuestro entendimiento. Transporte de datos que también existen en los seres vivos circulando por los nervios, señales químicas y eléctricas sin significado alguno para nosotros hasta que nuestro cerebro nos las convierte en impresiones comprensibles.

Los sistemas de percepción transforman las incesantes operaciones matemáticas de las unidades centrales de proceso, donde se está generando una realidad virtual, en efectos especiales que producen al observarlos sensaciones de realidad. Esta es la labor fundamental de los sistemas de percepción. Misión cumplida casi a la perfección en la especie humana, ya que casi nadie duda de que el cosmos sea real. Aunque creerlo ―para nuestro supuesto― es como creer que un ciberespacio generado en un ordenador también lo es. Cuando en un caso es una ilusión generada por un cerebro informático, y en el otro es otra ilusión generada por nuestro cerebro biológico.

 

SISTEMAS DE ACTUACIÓN.

Existen sistemas de realidad virtual artificiales, en los que las personas nos limitamos a observar. Un ejemplo de ellos lo tenemos en esas pequeñas salas con movimientos articulados de los parques de atracciones, donde varias personas sentadas disfrutan de sensacionales viajes sin que el habitáculo virtual se mueva de su sitio. Estos sistemas son pasivos, el espectador no interviene en el programa de efectos especiales. Sin embargo, un autentico sistema de realidad virtual es interactivo, le permite al espectador intervenir en la virtualidad programada mediante sistemas de actuación, como podemos ver en las figuras.

Cuando nos sentamos frente a un ordenador personal recibimos los efectos especiales del sistema de percepción que nos ofrece el monitor y los altavoces, pero también intervenimos a través del sistema de actuación compuesto por el teclado y el ratón, o por la gran variedad de mandos que existen en el mercado especialmente diseñados para intervenir en los videojuegos. El sistema de percepción convierte el proceso de datos del microchip en los efectos especiales que nos proporcionan sensación de realidad. Y el sistema de actuación nos produce sensaciones de actuar en dicha realidad ilusoria, ya que nuestras acciones son convertidas en proceso de datos que, enviados al microchip, provocan modificaciones en la realidad virtual. En un caso los datos salen de la unidad central de proceso, y en el otro entran; en un caso son recibidos y en el otro emitidos, tal y como nos indican los sentidos de las flechas de la figuras de nuestro modelo.

En los seres vivos también podemos observar gran cantidad de sistemas de actuación que permiten manipulaciones mecánicas, emisiones químicas, sonoras, etc. Si los sistemas de percepción generan unos efectos especiales que producen las sensaciones de realidad, los sistemas de actuación permiten a los seres vivos provocar modificaciones en dichas sensaciones de realidad, ya sea en la materia, en el espacio o en otros seres vivos. Los sistemas de percepción convierten el proceso de datos de la virtualidad en sensaciones de realidad. Y los sistemas de actuación convierten las actuaciones de los seres vivos en proceso de datos que enviados al motor de la virtualidad, a la unidad central de proceso, la modifican. Ambos sistemas se complementan a la hora de producir sensaciones de realidad. Ellos controlan los estímulos y las respuestas de los seres vivos. A través de ellos se viven, por un lado las sensaciones de percibir realidad, y por el otro las sensaciones de actuar en dicha realidad.

Como sucede con el sistema de percepción, cuanto más sofisticado es el sistema de actuación de un ser vivo, más capacidad tendrá para influir en nuestro mundo. Siendo nosotros, los seres humanos ―tal y como sucede con nuestro sistema de percepción― quienes disponemos del sistema de actuación más sofisticado y poderoso de los seres vivos, capaz de permitir a nuestra conciencia particular influir en nuestro destino, y en el del mundo que nos rodea, con una intensidad que ningún otro animal puede ni siquiera soñar.

No cabe duda de que ambos sistemas nos convierten en los reyes de la creación. No porque nuestros elementos de entrada o de salida, sean muy superiores a los de otros animales, sino porque están controlados por una unidad central de proceso individual con mucha más capacidad de proceso de datos: por nuestros cerebros. Circunstancia que nos proporciona una inteligencia muy superior al resto de los animales.

Así que, después de dar las gracias a la madre Naturaleza por habernos concedido tal honor, vamos a continuar intentando librarnos de él buscando la verdad entre tanta ilusión. Aunque para ello tengamos que hacer de tripas corazón y aceptar que casi todo lo que hasta ahora habíamos considerado real, no lo es.

 

MODELO CREADOR DE SUEÑOS

Las funciones de nuestro modelo creador de virtualidad no acaban como generador de la realidad física o informática. Los sueños que tenemos mientras dormimos también son generados de forma semejante. Los produce el mismo ordenador biológico, nuestro cerebro, realizando cambios en sus programas internos y en las redes nerviosas.

Lamentablemente no podemos realizar creaciones artificiales de sueños. El símil del ordenador en este caso no nos sirve para realizar ejercicios comparativos. La tecnología informática todavía no ha conseguido ordenadores con periféricos capaces de inducir sueños programados en las mentes de las personas. Únicamente podemos hacer uso de la imaginación para crear inexistentes modelos artificiales, como los que encontramos en la ciencia ficción.

 

SIMULADOR DE SUEÑOS INFORMÁTICO.

Existen varias películas futuristas que nos muestran sistemas capaces de provocar sueños, o realidades virtuales, sin necesidad de ser percibidas por ninguno de nuestros sentidos. Lo hacen a través de unos artilugios colocados en la cabeza que intercambian información con la mente de la persona a través de las ondas cerebrales.

En la figura 3 expusimos un modelo de funcionamiento del sistema informático más avanzado de realidad virtual, y en la figura 6 podemos observar el esquema básico de estos modelos futuristas imaginados. Como podemos ver solamente cambiarían los sistemas de percepción y de actuación. La unidad central de proceso, el ordenador, podría ser el mismo. El sistema de percepción, colocado en la cabeza, emitiría ondas cerebrales sobre las zonas del cerebro correspondientes a cada uno de los cinco sentidos, causando en la mente de la persona la imagen del ciberespacio. Y el sistema de actuación captaría las ondas cerebrales correspondientes a la voluntad de movimiento de la persona.

 

GENERADOR DE SUEÑOS BIOLÓGICO.

El funcionamiento del modelo biológico es semejante. El esquema de la figura 4 ―que ya vimos en el capítulo anterior― representa el motor generador de la realidad habitual en la que vivimos los seres humanos. Y en la figura 7 vemos ahora representado el motor generador de sueños. Como sucedía en los modelos informáticos, solamente cambian los sistemas de percepción y de actuación, que ahora aparecen en color gris porque ambos los localizamos en el cerebro. Un sueño sucede en su totalidad en la mente de quien sueña, no participan sus sentidos, ni su cuerpo se mueve. Su sistema de percepción de la realidad física permanece dormido, y su sistema de actuación también permanece inactivo, el cuerpo apenas se mueve aunque su sueño sea muy movido. Ahora ambos sistemas se localizan en la materia gris, en zonas destinadas a imitar la percepción y la actuación de la realidad física.

En la unidad central de proceso podemos percibir algunos cambios, como variaciones en las ondas cerebrales, probablemente debidos a cambios de frecuencia en el oscilador quizás necesarios para generar un nuevo tipo de realidad virtual. En el programa también podemos intuir variaciones: sabemos que los sueños están programados por deseos reprimidos de la persona que sueña, por sus miedos, por sus preocupaciones, etc. Son programas individuales los que dictan la actividad de los sueños, no sucede como en la realidad física, que se trataría de un sueño compartido en el que participamos todos. Y la función de la memoria de la persona también cambia, pues de ella se toman las informaciones necesarias que darán forma a los sueños. La memoria durante los sueños actúa como un banco de datos en el que predomina el aportar información, a diferencia de cuando actúa en la realidad física donde predomina su función de acumular información.

 

SUEÑOS Y REALIDAD FÍSICA

Por lo tanto, los seres humanos ―y probablemente los animales― tenemos dos motores de realidad virtual: uno genera la realidad física y el otro los sueños. Disponemos de dos modelos creadores de dos virtualidades diferentes. En la figura 8 podemos observarlos; es la misma figura 4 ―que ya hemos estudiado― en la que hemos incluido los sistemas de percepción y de actuación de los sueños, hechos de materia gris, y que en este caso se encuentran inactivos ya que la persona en ese momento se encuentra despierta. Una vez que la persona duerme, en determinado momento se activa el sistema generador de sueños, como nos muestra la figura 9.

Ambos sistemas generadores de virtualidad se encuentran siempre dispuestos en el cuerpo humano. Para que actúe uno u otro lo que hace el cerebro es cambiar las conexiones representadas por las líneas de puntos de las figuras, o, mejor dicho: activar unas conexiones nerviosas y desactivar otras, permitir el paso de datos por unas o por otras.

En la figura 8 los sistemas de percepción y de actuación de los sueños se encuentran desconectados, inactivos, ya que la persona está despierta. Es en la figura 9 donde se encuentran conectados, ya que la persona esta soñando. Situación en la que el cerebro desconecta los sistemas de percepción y de actuación de la realidad física, desconecta nuestros sentidos, no percibimos nada por ellos; ni tampoco podemos actuar, nuestro cuerpo yace inerte pues el sistema de actuación en la realidad física ha sido también desconectado.

Para pasar del sueño a la vigilia, y viceversa, se tiene que realizar un cambio en la circulación de datos de las conexiones nerviosas. En nuestras simulaciones informáticas imaginadas se cambiaría de cables la transmisión de datos. Cuando el ordenador decidiera simular el estado de vigilia dejaría circular los bits por los cables del monitor, de los altavoces, del teclado y del ratón según lo tenemos en la figura 2. Y para simular el estado del soñar, desconectaría el paso de datos por esos cables, y los dejaría pasar hacia los periféricos imaginados de futurista tecnología ―que vemos en la figura 6― inductores de un sueño artificial.

 

REALIDADES VIRTUALES ESPIRITUALES

Existen otro tipo de sueños, considerados reales por muchas personas, que son dignos de ser incluidos en nuestro estudio debido a sus extraordinarias características. Son aquellos de carácter religioso o esotérico que hace años bauticé con el nombre de realidades virtuales espirituales. Universos sagrados, mundos celestiales o infernales, poblados de ángeles y de demonios, de dioses y de santos, en los que habitan una gran variedad de extraños seres. Con solo hojear un buen libro de mitología, observaremos que a lo largo de la Historia la mente humana no ha cesado de crear dichas realidades virtuales espirituales. La mayoría creencias ya muertas, exterminadas por el cristianismo o por el Islam. Densos sueños compartidos de mundos etéreos que en muchas ocasiones cobran más realidad para el creyente que el mismísimo mundo material. Creados por la mentalidad común de la secta, del grupo esotérico o de la comunidad religiosa. Mundos sutiles que pueden ser visitados esporádicamente por el místico iluminado, por el médium en trance o por los chamanes con ayuda de drogas. Escenarios espirituales visitados por los elegidos para introducirse en ellos. Mundos sutiles consolidados por los creyentes que, aunque no alcanzan el sueño espiritual, creen en él y en todo lo que de allí proviene, habitualmente reflejado en las escrituras sagradas.

En la figura 10 vemos que estas realidades virtuales espirituales se generan como cualquier otro sueño, aunque, debido a la experiencia religiosa que le suele acompañar, pueden ser percibidos con una notable viveza que aumenta su realismo. Sensación de realidad que todavía crece más porque este tipo de sueños son compartidos como lo es nuestra realidad física. Los sueños nocturnos habituales que tenemos mientras dormimos son individuales y no tienen relación con los sueños de otras personas. Pero estas realidades virtuales espirituales son compartidas, pueden ser visitadas por muchos creyentes en ellas. Estos mundos espirituales permanecen vivos mientras haya creyentes en ellos que las visiten de vez en cuando, o sencillamente mientras se tenga fe en ellos, aunque no se perciban. Sin embargo, cuando ya no se producen visitas a estos universos espirituales, y la gente pierde la fe en ellos, dejan de existir, acaban muriendo; desaparecen con la misma facilidad que un día aparecieron.

(Más información sobre las realidades virtuales espirituales en el libro PASEO POR EL INTERIOR DE LAS SECTAS).

 

CONSCIENCIA

La atención sobre la virtualidad, ser consciente de ella, es necesario para que exista un ciberespacio generado en un ordenador. Hace falta una unidad central de proceso con el programa ya introducido, hace falta un monitor donde podamos ver la realidad virtual, y hace falta que nosotros la estemos viendo, es decir: hace falta nuestra consciencia, nuestra atención. Si apagamos el monitor del ordenador o si no lo observamos, el ciberespacio deja de existir. Se convierte en un montón de bits sin sentido circulando por el microprocesador o por la pantalla del monitor. “Toda ilusión existe solamente cuando es percibida”.

Sin nuestra consciencia nuestro modelo creador no funcionaría, ella es quien percibe como real lo ilusorio. Los sistemas de percepción son ventanas que nos asoman a las ilusiones virtuales. Como hemos visto, su función es de suma importancia para vivir una virtualidad. Ahora bien, para disfrutar del espectáculo que ofrece una ventana es obligado asomarse a ella. Como para contemplar un ciberespacio generado en un ordenador es obligado prestar atención a las imágenes del monitor. Es decir: es necesaria la consciencia.

Para que exista una realidad virtual es necesaria la atención de la mente. Cuando apartamos nuestra vista del monitor de un ordenador, en la pantalla no queda otra realidad que miles de puntos de colores parpadeantes gobernados por un programa; cuando volvemos a prestarle atención nuestro cerebro se encarga de dar sentido a dichos efectos especiales.

Y con la realidad física sucede lo mismo: a través de nuestros sentidos percibimos unos efectos especiales, sin apenas sentido alguno, que nuestro cerebro se encarga de presentar transformados a nuestra conciencia, provocándonos así sensaciones de realidad. Por esta razón a menudo se ha sospechado que nuestra consciencia participa activamente en la construcción de nuestra realidad, y que nuestra realidad está muy condicionada por nuestra observación. Si nuestro modelo es correcto, podemos acabar dando la razón a las corrientes más radicales del idealismo, las cuales afirman que las cosas son contenidos de la consciencia. Podemos acabar demostrando que la consciencia, nuestra conciencia, no es una mera espectadora de la creación, sino que es una parte esencial del proceso creador de la realidad física.

En las primeras figuras esquemáticas de nuestro modelo creador vimos que era la persona, representada por el encuadre azul, quien vivía la virtualidad, (ver figura 1). Después cambiamos el titulo del encuadre llamándolo mente de la persona, concretando así un poco más la ubicación de la vivencia de una realidad virtual, (ver figura 2). Y a partir de ahora vamos a llamar consciencia a dicho encuadre, especificando así más detalladamente la función, o la zona de la mente, que vive la virtualidad.

Además, es evidente que en el caso de los sueños, expuesto en el capitulo anterior, no es correcto llamar al encuadre azul mente de la persona, como vimos en la figura 7, ya que todo lo incluido en el esquema está sucediendo en nuestra mente. Todos los encuadres de color gris pertenecen a zonas de nuestro cerebro, a zonas de nuestra mente personal. Por lo tanto resulta más clarificador llamar al encuadre azul conciencia, como podemos ver en la figura 11. De esta forma, concretamos un poco más la facultad mental que percibe las realidades virtuales, y de paso mejoramos nuestro modelo creador.

 

MOVILIDAD ENTRE REALIDADES

Cuando dormimos quedamos inconscientes del mundo físico y pasamos a percibir el mundo de los sueños, y al despertarnos volvemos a ser conscientes de la vivencia que consideramos real, hasta que nos volvemos a dormir. Y si a estos cambios le añadimos las visitas que de vez en cuando puede realizar un místico o un chaman, a sus particulares realidades espirituales, o los estados alterados de conciencia producidos por drogas que sumergen en extraños mundos psicodélicos, obtenemos un amplio abanico de realidades que nuestra consciencia puede visitar.

Los cambios que nuestra consciencia puede realizar, de una realidad natural a otra, no suceden con la facilidad que cambiamos nuestra atención de un monitor de un ordenador a otro monitor de otro ordenador. Nuestra naturaleza realiza esos cambios provocando importantes modificaciones en nuestra consciencia. Siempre se produce un estado de ensoñación o de atontamiento cada vez que se pasa de una realidad a otra. Tanto cuando nos despertamos como cuando nos sumergimos en el sueño nocturno, y también cuando se visitan realidades espirituales, o espacios mentales inducidos por drogas, es necesario un estado alterado de consciencia, un cambio durante el que se produce cierto grado de atontamiento. Es posible que todas las realidades virtuales sean muy parecidas entre sí, pero probablemente tengan una onda diferente, o necesiten de un enfoque mental determinado, todavía desconocido para nosotros, que exija dichos lapsos de inconsciencia para pasar de una a otra.

Otra exigencia natural es que no podemos percibir dos realidades virtuales a la vez. Cuando soñamos no percibimos lo que consideramos realidad, y cuando estamos despiertos no estamos soñando. O estamos en una realidad virtual o en otra. Y con las realidades virtuales espirituales sucede igual: cuando un místico, un médium o un chaman viaja a su mundo espiritual, tiene que abandonar la percepción del mundo físico.

Estos cambios también tienen importantes consecuencias sobre las realidades virtuales. Sabemos que es necesaria la consciencia para que una virtualidad tome visos de realidad, pero toda realidad virtual puede existir en forma de efectos especiales sin necesidad de que le prestemos atención. Podemos dejar de mirar la pantalla del monitor de un ordenador, o incluso apagarla, pero la esencia de la virtualidad informática continuará generándose en la unidad central de proceso del ordenador, y permanecerá ahí hasta que lo apaguemos también.

En el caso de las realidades virtuales naturales, todavía no hemos encontrado los interruptores ―si es que estos existen― que puedan apagar o encender su generador. Pero lo que sí sabemos es que los cambios de consciencia pueden llegar a afectar al motor de la virtualidad. El cambio diario que realizamos entre el mundo físico y el de los sueños parece no afectar a la esencia de ninguno de los dos. Cada día nos esperan ambos mundos con la misma viveza de siempre. Su fuerza de realismo probablemente les venga dada porque los visitamos a diario.

Pero este no es el caso de las realidades virtuales espirituales, nuestra naturaleza no nos exige que las visitemos a diario. Podemos vivirlas con frecuencia u olvidarnos de ellas. Causando importantes efectos contrarios en su realismo mágico se viva una circunstancia u otra. Si se dejan de vivir frecuentemente, si la comunidad creyente les retira su atención, y pierde su fe en ellas, las realidades virtuales espirituales pueden dejar de existir. Y también puede suceder lo contrario: si una comunidad religiosa tiene fuertes vivencias espirituales, el universo espiritual podrá alcanzar un gran realismo. Sucediendo en este caso que sea el mundo material el que pierda importancia, e incluso deje de existir para ellos, hasta el punto de que puedan decidir abandonarlo mediante el suicidio colectivo o encerrándose de por vida en una comunidad de clausura.

 

GRADOS DE CONSCIENCIA

En las vivencias de las realidades virtuales naturales se pueden observar pérdidas de memoria y cambios en el grado de atención que se vive. Al soñar cada noche, cuando dormimos, adquirimos un tipo de conciencia diferente del que tenemos durante el día. Es una conciencia menos atenta a los detalles, menos despierta. Digamos que se trata de una conciencia inferior a la que tenemos cuando estamos despiertos. Hecho que puede ser debido a que solamente es una parte de nuestra de mente individual la que se puede asomar al sueño, ya que el resto se dedica a fabricarlo. Pero también hemos de tener en cuenta que esa limitación de conciencia es necesaria para que podamos vivir un sueño con una fuerte sensación de realidad. Si dentro del soñar nocturno tuviéramos un elevado grado de conciencia, enseguida nos daríamos cuenta de que estamos soñando y el sueño perdería gran parte de su poder de sugestión. La inestabilidad y la movilidad constante de los espacios y personajes oníricos nos delatarían su irrealidad. Es necesario un notable grado de atontamiento para poder soñar convencidos del sueño. Así como también es muy probable que sea necesaria la amnesia que provoca tal atontamiento. Si no perdiéramos la memoria, cada vez que iniciamos un sueño, podríamos comparar nuestra realidad diaria con la de los sueños, y descubrir fácilmente que estamos soñando.

Sorprendentemente, al visitar las realidades virtuales espirituales puede suceder lo contrario, en muchos casos se alcaza un grado superior de conciencia superior incluso a la realidad física, según nos cuentan quienes tienen estas experiencias. Por esa razón los místicos siempre han insistido en que la vida es un sueño. Nosotros llamamos sueños a los sueños que tenemos mientras dormimos porque vivimos la realidad física con más sensación de realidad. Si alguien vive otra realidad con más claridad que la física, es natural que sienta como un sueño el vivir en el mundo. Algo que no hace sino apoyar nuestra hipótesis.

Después de realizar estos análisis comparativos, podemos sospechar que, si la vida es sueño, nuestra conciencia y nuestra memoria tienen que sufrir notables carencias. Podríamos decir que vivimos atontados el sueño de la vida. Lo que explicaría el hecho de que no recordemos nada de nuestra existencia antes de nacer, que no sepamos quienes somos, ni qué hacemos aquí, ni a dónde vamos cuando morimos.

Estas mermas pudieron ser creadas para que el sueño del universo se pudiera vivir como una realidad. Si no recordamos otra realidad superior, consideraremos el mundo físico lo más real. La calidad de la atención afecta muy directamente a una realidad virtual. Si se produce una consciencia demasiado despierta puede descubrirse la ilusión y perder su realismo; y si la atención está demasiado dormida, entonces pierde viveza la fantasía. Cada realidad virtual exige un grado adecuado de lucidez, un grado determinado de atontamiento que ayude a creerse la fantasía y provoque pérdida de memoria; así la consciencia puede cumplir mejor una de sus funciones más importantes: la de percibir algo que no existe.

 

CAUSALIDAD

La actividad de una realidad virtual es provocada por dos causas: por el programa o por la intervención de una conciencia. Si la actividad de la virtualidad se desarrolla automáticamente, completamente gobernada por las matemáticas, podemos decir que no existe intervención de conciencia alguna, que la realidad virtual está gobernada solamente por el programa. Pero, si se observan actividades aleatorias e intencionadas, que no responden a automatismo alguno, entonces podemos deducir que una inteligencia ajena al programa es la responsable de dicha acción.

Un experto en videojuegos, observando una segunda pantalla de un ordenador ubicado en otra habitación, podría distinguir cuando en un videojuego está interviniendo alguien o cuando no.

En un sueño ya es más difícil percibir claramente esa diferencia debido a la dificultad que existe para estudiar al detalle la actividad onírica. Pero aún así podemos distinguir, auque sea levemente, aquellos sueños en los que somos arrastrados por los acontecimientos, de esos otros en los que, realizando un esfuerzo, hemos conseguido cambiar el devenir de unos sucesos oníricos que se nos venían encima. En un caso nos dejamos arrastrar por el guión del sueño, y en el otro actuamos nosotros cambiando dicho guión.

Si analizamos la historia de nuestro universo también podemos intentar realizar tales distinciones. Tanto los astrónomos como los físicos nos aseguran que las leyes fundamentales, las matemáticas, desde el big bang han dirigido la evolución del universo material. Lo que nos sugiere que no han existido intervenciones exteriores, la evolución de la materia del cosmos ha seguido un curso programado desde sus principios.

Sin embargo, cuando se observa la evolución de la vida, no se puede decir lo mismo. Las leyes de la vida descubiertas no gobiernan a los seres vivos con el rigor que la materia es gobernada. La evolución de la vida no parece seguir exactamente un curso programado. Es difícil suponer que un programa determinado haya creado la enorme diversidad de seres vivos que han existido y existen sobre la tierra. Lo que nos lleva a deducir que se haya podido intervenir en la evolución de los seres vivos a través de un determinado sistema de actuación.

Sabemos que todo lo que sucede en el interior de una realidad virtual es debido a dos causas: a una automática, regida por un programa, y a otra intencionada, provocada por una conciencia. Dos causas diferentes que resulta muy difícil de distinguir en ocasiones, pues ambas actúan conjuntamente, nunca en solitario, ya que cualquier decisión libre también esta gobernada y condicionada por las matemáticas. Esto es inevitable, ya que las matemáticas son el alma de toda realidad virtual. Ellas siempre están vigentes, incluso cuando interviene una conciencia, ya que ésta solamente puede actuar en una realidad virtual dentro de los límites que el programa matemático le impone. El programa se encarga de dar un sentido lógico a todo lo que percibimos y a los resultados de nuestras acciones. Él dicta lo que podemos percibir y hasta donde podemos actuar. Igual que en un videojuego: el programa impone las reglas.

Las causas principales de todo fenómeno material que sucede en nuestro universo, según nuestro supuesto, son las órdenes de programación. Todos los elementos materiales que existen en el cosmos, todo lo que sucede en su interior, todas sus fuerzas y todas sus magnitudes, son el resultado de matemáticas aplicadas, de programas aritméticos determinados.

Desde su origen, desde el big bang, nuestro universo está sometido a un proceso matemático constante. La gran explosión inició el arranque del programa que gobierna nuestra realidad, fue la primera acción, a la que le siguieron innumerables reacciones programadas. Y de estas reacciones volvieron a surgir otras nuevas, y otras y otras, y así sucesivamente hasta nuestros días. Las causas provocan efectos sin cesar, dándonos la sensación de que cada suceso es causado por otro anterior, cuando en realidad cada acontecimiento es causado por el programa que lo ordena como respuesta programada a un suceso anterior. Así funciona una realidad virtual.

Esta hipótesis sobre la creación es sumamente revolucionaria, cambia de raíz la visión de los acontecimientos de nuestro universo. Las tradicionales investigaciones científicas, asentadas en una visión materialista, buscan habitualmente causas materiales para efectos materiales. Pero nuestro supuesto deja bien claro que la causa principal de todo efecto material son las órdenes de programación, las matemáticas, las constantes fundamentales, las leyes de la Naturaleza. Todo elemento de una realidad virtual es engendrado y sostenido por comandos de programación que generan la sensación de su existencia. La materia de nuestro universo ―para nuestro supuesto― es una ilusión matemático virtual. En la materia no residen las matemáticas que gobiernan su existencia y su comportamiento, son las matemáticas las que engendran y gobiernan la materia.

¿Cómo se realiza este portento? Como lo hace un ordenador: aplicando los comandos matemáticos de su programa sobre la materia virtual del ciberespacio que se esté generando en su interior. Todos sabemos que una piedra cayendo en una escena del monitor, no cae por efecto de la gravedad, sino porque un programa informático simula su caída. De la misma forma, una piedra no cae porque nosotros la hemos lanzado al aire, cae porque el programa matemático que gobierna nuestro universo así lo ordena. La piedra cae porque así está programado en la ley de la gravedad. El programa que gobierna nuestra realidad virtual crea los efectos especiales necesarios para que solamente percibamos su caída. Tenemos la sensación de que la piedra cae porque nosotros la hemos lanzado al aire, pero en realidad no es así, es debido a un complejo juego de magia matemática que no percibimos.

Si analizamos nuestro modelo creador (ver figura 12), observaremos que cuando la conciencia toma una decisión, lanzar al aire una piedra por ejemplo, no lo hace directamente sobre la realidad virtual, las flechas verdes nos indican que lo hace a través del sistema de actuación. El cual se encarga de enviar la orden a la unidad central de proceso según nos indica la línea de puntos. Allí el dato es procesado, generándose una respuesta programada que es enviada al sistema de percepción para provocar en la conciencia, según indican las flechas rojas, el efecto especial que provoque la sensación de que la piedra sigue una trayectoria determinada.

Ésta complicada forma de producirse las causas y los efectos no es percibida en la vida diaria porque sucede a gran velocidad. De la misma forma que una persona, cuando está jugando con un videojuego, no percibe los complicados procesos matemáticos que su ordenador está realizando constantemente a una velocidad endiablada para que el juego siga su curso.

Así funcionan las causas y los efectos en el ciberespacio de un ordenador, y ―si nuestra hipótesis es acertada― así tiene que funcionar la supuesta realidad virtual en la que vivimos.

 

ENTIDAD CREADORA

Ya tenemos una idea básica de cómo funciona nuestro modelo creador. Ahora vamos a aplicarlo a la creación del universo, al sueño de la vida, a la realidad virtual en la que supuestamente vivimos.

La primera dificultad con la que nos encontramos es que no conocemos el soporte que genera el universo. Si nuestra realidad es un sueño, no sabemos quien la está soñando. De todos los ejemplos de nuestro modelo ―expuestos en los anteriores capítulos― conocemos el soporte del modelo creador que genera la virtualidad, pero no conocemos el soporte de nuestra existencia supuestamente virtual. Sabemos que la virtualidad se puede generar en soportes informáticos, en los cerebros y sistemas nerviosos de los seres vivos, en nuestra mente fuente inagotable de sueños; pero no sabemos quien nos está soñando a todos nosotros. Y no lo sabemos porque es muy difícil que los personajes soñados puedan reconocer al soñador.

De todas formas, a pesar de las dificultades, podemos intentar precisar los rasgos más elementales de la naturaleza de este superordenador natural que sueña el universo. Si estamos dando por supuesto la vieja sospecha de que la vida es sueño, y sabemos que los sueños suceden en las mentes, podemos deducir la existencia de una entidad mental desconocida que sueña nuestra realidad. Una entidad creadora que vamos a llamar “mente universal”; no porque pueda ser inmensa, sino porque ella sueña nuestro universo. Sueña nuestra realidad y, por lo tanto, nos sueña a todos nosotros.

Esta circunstancia, que nos descubre nuestra hipótesis, nos revela que todos nosotros somos parte de dicha mente, somos seres soñados, como todo lo contenido en el universo. Todo contenido de un sueño es parte de la mente que sueña. Si nos preguntamos quién nos está soñando, desde el interior de un sueño cualquiera de los que tenemos mientras dormimos, diremos que somos nosotros, que es nuestra mente la creadora del sueño. Por lo tanto, si la vida es sueño, es posible que la respuesta a quién o qué nos está soñando sea tan sencilla como en el sueño común: habrá de ser nuestra mente, nosotros somos los que estamos soñando nuestra existencia. Nuestra mente universal es la entidad creadora del universo, nuestra mente colectiva, nuestra auténtica mente según nuestro supuesto, ya que cada una de nuestras mentes individuales son una ilusión, son partes de lo soñado, elementos del sueño universal. Somos tan ilusorios como lo son los personajes de los sueños que tenemos mientras dormimos.

Pero esto no lo recordamos debido a la pérdida de memoria que conlleva el entrar en un sueño. Nuestra hipótesis nos descubre que nuestra mente universal nos está soñando, pero no recordamos a quien pertenece dicha mente. Hemos olvidado quienes somos en realidad, nos hemos olvidado de nosotros mismos. Vacío existencial que habitualmente se ha intentado llenar creando personajes supremos inventados a los que se les responsabiliza del portento de la creación y de nuestro destino. Desde que la Humanidad existe se ha especulado tanto sobre la creación y sobre su artífice, o sus artífices; se han creado tantos dioses creadores, tantas mitologías y creencias religiosas creadoras del mundo, todas tan diferentes entre si, que resulta evidente considerarlas productos de la fantasía humana, ya que es imposible entrever conclusiones coherentes entre semejante batiburrillo mitológico.

En mi libro titulado “virtualismo”, observando fríamente la creación y prescindiendo de creencias, expongo ciertas particularidades del sueño de la vida que nos pueden dar indicios de las propiedades de la entidad creadora del universo. La naturaleza de nuestra mente universal puede no ser muy diferente a la de nuestras mentes individuales, ya que éstas son partes de aquella. Si al estudiar los sueños de una persona podemos distinguir ciertas características de su mente personal, también podremos entrever ciertas cualidades de nuestra mente universal al estudiar nuestra realidad soñada.

 

MODELO CREADOR DEL UNIVERSO

En la figura 13 vemos lo que podría ser la aplicación de nuestro modelo a la creación del universo. Es semejante a cualquiera de nuestras figuras anteriores y funciona igual. Solamente hemos cambiado el título superior y el del encuadre azul, en uno pone mente universal y en el otro consciencia universal.

A pesar de considerar que todos los encuadres son de naturaleza mental, no los hemos coloreado de gris porque no podemos asegurar que nuestro universo esté siendo soñado por un cerebro semejante al nuestro. Para nuestro supuesto la materia gris cerebral es un elemento virtual, como lo es toda materia del universo. Por lo tanto, el motor creador de la ilusión de la materia no puede estar hecho también de materia. Solamente sabemos que su naturaleza es mental.

Es posible que cueste imaginar una mente que no surja de un cerebro biológico ni de un cerebro electrónico; pero hay que realizar ese esfuerzo de imaginación para seguir adelante. Nuestra mente universal crea el universo, pero no sabemos quien la creo a ella, si es que alguien la creó; ni tampoco sabemos de qué materia está hecha, si es que está hecha de alguna materia. Todos los encuadres de la figura son mentales, de sustancia mental, indeterminada. No podemos añadir nada más.

Si resulta muy difícil dar este vuelco a la visión de una mente, puede imaginarse que nuestro modelo creador está hecho de alguna materia extraña. Así se coloca a la materia ―aunque sea extraña― como el origen de todo, y nuestra mentalidad materialista quedará más complacida. Pensar así no afecta a nuestro modelo ni a nuestra hipótesis. A la virtualidad cinematográfica ―por ejemplo― apenas le afecta que un proyector esté hecho de una materia o de otra. Si se ve bien la película, si podemos disfrutarla por igual, la materia de que están hechos los proyectores es indiferente.

Podemos estudiar las consecuencias de vivir en una realidad virtual sin saber de qué está hecho el proyector de la película de nuestra vida. Por esta razón aquí vamos a continuar hablando de las propiedades mentales de nuestro modelo, de sus efectos y de cómo funciona, sin hacer referencia a ningún tipo de extraña materia creadora.

 

SISTEMA DE PERCEPCIÓN

De nuestro modelo creador del universo desconocemos casi todo. Intuimos su existencia porque hemos percibido la posibilidad de vivir en un sueño, en una realidad virtual. De los elementos de la figura solamente sabemos algo de la existencia de la consciencia y un poco más del universo. Podemos advertir la existencia de la unidad central de proceso al observar sus efectos matemáticos, y desconocemos qué sistemas de percepción y de actuación pudo utilizar nuestra mente universal, especialmente en las primeras fases de la creación. Porque en las fases más avanzadas sabemos que la conciencia se sumerge en la virtualidad cuando se diversifica a través de los seres vivos; pero en los inicios de la creación, cuando todavía no había surgido la vida, desconocemos el tipo de percepción pudo existir, si es que hubo alguna.

Si nos inclinamos por pensar que nuestra mente universal fue espectadora del portento creador, entonces pudo asomarse a través de algún desconocido sistema de percepción para poder contemplar la evolución del universo. Esta situación sería semejante a aquellos sueños nocturnos poco habituales en los que solamente somos espectadores de lo soñado, vemos lo que sucede pero no nos introducimos en la acción, incluso no tenemos conciencia de tener un cuerpo. Situación también semejante a cuando vemos una proyección cinematográfica u observamos una realidad virtual en la pantalla de un ordenador sin intervenir en ella.

La conciencia se introduce en el sueño, se sumerge en la realidad virtual, en fases posteriores de la creación, cuando aparece la vida en el universo. Es entonces cuando nuestra mente universal se introduce en su portento soñado a través de los seres vivos, se encarna en ellos como nosotros nos solemos encarnar en un personaje onírico con el que nos identificamos cuando soñamos al dormir. Nuestra mente universal se introduce en la realidad virtual que ella misma ha creado a través de los sofisticados sistemas de inmersión de los seres vivos. Como aquella persona que ya no desea ser únicamente espectador de un ciberespacio en la pantalla del ordenador, y decide sumergirse todavía más en él introduciendo su conciencia a través de sofisticados sistemas de inmersión de realidad virtual.

Pero hasta que la vida apareció en el universo, existe la posibilidad de que no existiera percepción alguna. Y si el programa actuó por sí mismo, sin ser percibido hasta que apareció la vida, la mayor parte de la historia del cosmos fue exclusivamente un proceso matemático, pues sabemos que una realidad virtual solamente cobra vida cuando es percibida; mientras tanto es un montón de bits atareados en complejas operaciones aritméticas en el interior de una unidad central de proceso. Situación semejante a una realidad virtual que se esté generando en un ordenador al que le apagamos el monitor; el ciberespacio continúa existiendo en el microchip de la CPU en forma de bits, y evolucionando si así lo hemos programado, pero al no ser percibido es como si no existiera.

También pudo suceder que nuestra conciencia universal estuviera yendo y viniendo, tomando conciencia de su creación, de su sueño, intermitentemente durante 15 millones de años. Como nosotros lo hacemos entrando y saliendo del mundo físico cada noche cuando nos dormimos. En el capítulo dedicado a la consciencia ya hemos hablado de esta movilidad, y también de los grados de lucidez que se pueden tener. Variaciones a las que pudo estar sometida la percepción de nuestra mente universal, y a las que no vamos a prestar mucha atención porque desconocemos casi todo al respecto. En la figura 13 incluimos el encuadre del sistema de percepción, inclinándonos por suponer que pudo existir alguno en las primeras fases de la creación.

 

SISTEMA DE ACTUACIÓN

Con el sistema de actuación sucede algo parecido. También vamos a incluir su encuadre en la figura a pesar de que sabemos muy poco de él. Conocemos el sistema que usan los seres vivos, y el que usamos nosotros, para actuar en el mundo, pero desconocemos que sistema pudo usar nuestra mente universal ―si es que usó alguno― antes de que apareciera la vida en el universo. El programa pudo actuar automáticamente dirigido por las leyes de la física, por las constantes universales, sin intervenir la conciencia, hasta que apareció la vida. En la evolución de los seres vivos no se encuentran tan fácilmente unas matemáticas que la gobiernen como encontramos en la evolución de la materia del universo. No tenemos explicación matemática para la aparición de tanta diversidad de seres vivos que habitaron y habitan la Tierra. La evolución de las especies no sigue un diseño óptimo, matemático, en ocasiones parece consecuencia de ensayos chapuceros. Por está razón podemos sospechar que nuestra conciencia universal pudo actuar de alguna manera cambiándole a este bicho una patas por unas alas, unas branquias por unos pulmones, intentando mejorar su organismo.

Aunque también pudo no hacerlo conscientemente. Si prestamos atención a nuestra hipótesis, lo pudo hacer como nuestra mente personal produce cambios en los personajes de nuestros sueños nocturnos. Es habitual que en los sueños una persona o un objeto cambien de forma o se transformen en otra cosa. Por lo tanto, si la vida es sueño, la mutación de las especies puede que se realice de la misma manera, siguiendo determinadas intenciones inconscientes.

Nuestra mente universal pudo actuar en el universo material como nuestras mentes individuales actúan en nuestros mundos soñados cada noche. Así de sencillo, y así de complejo a la vez, ya que apenas sabemos como funcionan los sueños. El sistema que tienen las mentes individuales para producir cambios en los personajes y en las cosas soñadas puede que sea semejante al sistema que usó nuestra mente universal en la creación y la mutación de las especies. Cuando conozcamos como se producen esos cambios en nuestros sueños es posible que descubramos a su vez como nuestra mente universal dirigió la creación y la evolución de las formas de vida.

Los programadores de vida artificial nos dan otra idea de cómo pudo suceder la evolución, sus programas informáticos permiten evolucionar a los seres vivos virtuales de forma indeterminada, en ocasiones sorprendente. No se trata de programas rigurosamente matemáticos, simplemente pretenden que cada especie de vida artificial pueda mejorar en el interior del ecosistema virtual. Lo que en ocasiones provoca que alguna especie se extinga en beneficio de otras.

Los programadores de vida artificial han conseguido imitar en los ordenadores tan fielmente los procesos de la evolución, que probablemente ellos nos estén dando la clave de cómo pudieron evolucionar las especies de la Tierra. Su modelo se programación se puede aplicar sin muchas dificultades a nuestro modelo creador.

 

NIVELES MENTALES

Cuando soñamos cada noche nuestra mente se divide en diferentes partes: cada personaje soñado, cada elemento de la escena onírica, es una manifestación de una parte de nuestra mente. Nos identificamos con un personaje del sueño, pero el resto del sueño también es nuestro, aunque no lo sintamos así. Esta escisión mental durante el sueño causa inevitablemente una pérdida de calidad psíquica. Cada uno de los personajes soñados, incluido con el que nos identificamos, tiene un nivel mental inferior a la persona que está soñando, ya que es ella quien los crea a todos.

Esta división mental, si nuestra hipótesis es acertada, también tiene que producirse en el universo. Si vivimos en el interior de un sueño, cada elemento y cada ser vivo es una parte de la mente que sueña. En la figura 14 vemos como de nuestra mente universal surgen multitud de pequeñas mentes correspondientes a los seres vivos, incluidos nosotros. Cada una de estas mentes menores pertenece a nuevos modelos creadores que la mente universal ha creado en su interior, modelos biológicos que ya vimos en un capitulo anterior.

En la figura 15 ampliamos una de estas mentes individuales, correspondiente a una persona en estado de vigilia. Cuando estamos despiertos apenas somos conscientes de las diferentes partes que componen nuestro psiquismo, funcionamos como una unidad mental que pretende ser coherente. Pero cuando soñamos, dichas partes de nuestra mente aparecen claramente diferenciadas en la escenografía onírica, produciéndose una división mental entre todas ellas, ya que el sueño les proporciona una cierta autonomía e individualidad, les otorga más libertad de manifestarse por sí mismas, sin necesidad de la coherencia entre ellas que exige un estado de vigilia equilibrado psicológicamente. En la figura 16 podemos observar como la mente de una persona, que se ha dormido, se ha dividido en los personajes de su sueño, incluido el personaje con el que se identifica.

Por lo tanto, en el universo podríamos asegurar que existen al menos tres niveles mentales. El superior de la mente universal, el nivel medio de nuestra mente, y otro nivel inferior correspondiente a los personajes que creamos cuando soñamos.

Cuando una mente se divide en otras crea una generación de mentes menores, de un nivel inferior. Por esta razón cada realidad virtual, el sueño que se genera partiendo de uno u otro nivel mental, difieren notablemente. La calidad, la estabilidad y la complejidad, de una realidad virtual generada por una mente superior, evidentemente habrá de ser más elevada que la generada por una mente inferior.

Esto explica porqué el universo lo sentimos mucho más real que nuestros sueños. La calidad de su virtualidad es tan elevada que nos hace sentir el universo como real. El ciberespacio cósmico se produce en una mente superior, en la mente madre que en su soñar da a luz a todas nuestras mentes individuales. Por esa razón el sueño del universo tiene mucho más realismo que nuestros sueños nocturnos, sin que por ello deje de ser un sueño con el resto de las propiedades básicas de nuestros sueños individuales. Según nuestra hipótesis, claro está.

 

NIVELES DE CONSCIENCIA

En los diferentes niveles mentales, que acabamos de definir, se producen a su vez diferentes niveles de conciencia. A un nivel superior le corresponderá un nivel de conciencia también superior, y de un nivel inferior surgirá un tipo de conciencia de una calidad inferior. Esto puede suceder por dos causas: porque los modelos creadores que surgen en un nivel mental inferior son más simples y ofrecen a la conciencia que los habita una calidad percepción y de actuación también inferior; y porque, como sucede con la mente, la consciencia también se puede dividir al pasar de un nivel superior a uno inferior, generándose nuevas consciencias, obviamente de una calidad inferior.

Como existen muchas posibilidades de que este fraccionamiento pueda estar sucediendo en la creación, vamos a representarlo con unas imágenes que nos ayuden a entenderlo. De la figura 13 que ya vimos en un capítulo anterior, y que representa el modelo creador de universo, extraemos la sección de la consciencia y la ampliamos. Obteniendo así la figura 17 que nos representa el universo antes de que apareciera la vida. Y la figura 18 nos indica que ya han aparecido en el universo los seres vivos, incluidos nosotros los seres humanos, produciéndose el reparto de la consciencia que venimos hablando, representado en la figura 19.

En esta figura por supuesto que no aparecen todos miles y miles de millones de seres vivos que poblamos la Tierra, haría falta una página de una extensión enorme, donde podríamos observar la tremenda escisión que sufre consciencia universal al repartirse entre todos los seres vivos. Aunque conviene recordar que no se trata de un reparto equitativo. Como ya vimos en el capítulo sobre los grados de consciencia, ésta no se reparte por igual entre todos los seres vivos. Somos nosotros precisamente quienes más consciencia podemos tener, somos a quienes nos toca más parte del reparto.

En la figura 20 vemos como nos llega a cada uno de nosotros la consciencia universal, para convertirse en una consciencia individual, en una consciencia inferior por haber bajado de nivel y por ser solamente una pequeña parte de la enorme división que ha sufrido al repartirse.

Pero en nosotros todavía podemos observar otro descenso de nivel de la consciencia. En la figura 21 vemos a una persona soñando, y observamos que su consciencia individual habitual se ha extinguido casi por completo trasladándose al mundo de los sueños, para encarnarse en el personaje soñado con el que nos identificamos.

Lo que no sabemos es si cuando soñamos se produce una división de nuestra consciencia, porque no sabemos si el resto de los personajes de nuestros sueños tienen algún tipo de consciencia. Pueden que la tengan ya que se comportan como si la tuvieran, quizás en un grado mucho inferior de la que tenemos nosotros en el interior del sueño encarnados en un personaje. Lo que si podemos percibir es un descenso de nivel de nuestra consciencia en los sueños, una pérdida de calidad, según ya expusimos en el capitulo Grados de consciencia.

Ahora cabe preguntarse si nuestra consciencia universal queda también inconsciente al soñar el universo, como nos sucede a nosotros cuando estamos soñando. Si esto es cierto, la figura 20 es incorrecta, ya que la consciencia universal aparece con su color habitual, dando a entender que no ha perdido su lucidez. Pero si está dormida cuando nos sueña a nosotros, la figura 22 representa mejor el fenómeno.

Y la figura 21 tampoco sería la adecuada, habría que sustituirla por la figura 23, donde podemos observar como nuestra consciencia puede tener un sueño (donde nos sueña a nosotros), en el que vuelve a quedarse dormida (cuando nos dormimos nosotros), y vuelve a tener otro sueño diferente (cuando soñamos nosotros).

Por lo tanto, nuestra hipótesis nos indica que la consciencia es un elemento mental destinado a percibir la ilusión y a actuar sobre ella, y con capacidad para sumergirse en varias ilusiones superpuestas, en varios sueños superpuestos. Nuestra mente universal se encuentra soñando el universo y a todos sus seres vivos. Y después, nosotros ―elementos soñados― volvemos a soñar cada noche. Esto nos permite deducir tres niveles de consciencia, el de nuestra mente universal, el de nuestro estado de vigilia, y el de los sueños que tenemos cada noche. El primer nivel sería el de la consciencia original, la más pura; el segundo nivel, es el de nuestra consciencia diaria, es la misma que la anterior pero mermada por haberse sumergido en el sueño de la vida y por diversificarse entre los seres vivos; y el tercer nivel sería el de nuestros sueños nocturnos, estado en el que las cualidades de la consciencia original se encuentran ya muy mermadas.

Observemos que solamente existe una conciencia, la original, la universal; con capacidad de sumergirse en sueños y de diversificarse en infinidad de ramificaciones. Cada una de nuestras consciencias individuales son partes de ella. Esto conviene tenerlo en cuenta a la hora de hacernos preguntas sobre nuestra consciencia universal, ya que las respuestas probablemente las encontremos en nuestra propia consciencia individual.

La creación del universo sucedió en nuestra mente universal, en su consciencia, que más tarde acabaría siendo nuestra consciencia. Quizás ahora la única. Nosotros solemos percibir los sueños habitualmente a través del personaje soñado que nos sentimos ser en cada sueño. Por lo tanto, puede que nuestra mente universal no tenga otra forma de percibir plenamente el universo que a través de nosotros, los humanos.

 

CONSCIENCIA UNIVERSAL

Apenas conocemos las propiedades de la consciencia universal. Como tampoco conocemos las de nuestra entidad creadora, ni las propiedades de los diferentes elementos que forman el modelo creador del universo. Entre los pocos detalles que podemos deducir encontramos que nuestra consciencia individual es parte de la universal, y que puede poseer al menos en parte algunas de sus características.

Los niveles de consciencia también nos pueden ayudar a imaginar alguna de las cualidades de nuestra consciencia universal. Conociendo las propiedades de la consciencia que tenemos despiertos, y de la que tenemos en los sueños nocturnos, podemos obtener una idea de las diferencias que puedan existir entre nuestras conciencias individuales y nuestra consciencia universal. Al tener los seres humanos habitualmente una consciencia del segundo nivel y conocer la del tercero ―el que tenemos en nuestros sueños―, podemos intentar imaginar, realizando un análisis comparativo, la conciencia del primer nivel, la original.

Aunque puede que nos sirva de poco, sobre todo si nuestra consciencia universal se encuentra dormida, ya que sus propiedades se encontrarán dormidas también. En este caso, la consciencia más lúcida ―y puede que la única― sería la nuestra. Cuando estamos soñando cada noche nuestra consciencia pasa a la del personaje que nos sentimos ser en el interior del sueño. Así que puede estar sucediendo que la única conciencia que esté percibiendo el universo sea la nuestra. La original, pero con las condiciones mermadas por la división que sufre al repartirse, y con amnesia y cierto grado de atontamiento que, como sabemos, se produce cuando se sueña.

Si es esto lo que está sucediendo con nuestra consciencia universal, nos encontramos abandonados de la mano de… la entidad creadora, ya que se encuentra dormida. Los seres humanos somos entonces los seres más lúcidos de la creación, los más despiertos, a pesar de ser seres soñados. Pero, como le sucede a todo elemento de un sueño, nos encontramos a merced de las pulsaciones psicológicas de quien nos está soñando, de aquellas que dirigen el sueño, y sin apenas poder hacer nada para evitarlo.

Situación semejante a encontrarnos sumergidos en el interior de una realidad virtual informática, en la que nos hemos sumergido con un sofisticado sistema de inmersión. Donde hemos perdido la memoria y no recordamos quienes somos. Sumergidos en un mundo matemático bajo las ordenes del programa que impone las leyes a nuestra existencia virtual.

 

NIVELES DE MODELOS CREADORES

Sabemos que la consciencia es una de las partes de nuestro modelo creador. Es el elemento a través del cual la mente percibe la virtualidad y actúa sobre ella. Sabemos que existe una consciencia original, la que pertenece al modelo original creador de universo generado en nuestra mente universal, en el nivel mental uno. El resto de niveles mentales y de consciencia, que acabamos de ver en los capítulos anteriores, son el resultado de la división que sufren estos dos elementos originales.

Estas divisiones se producen gracias a que en el interior del modelo creador original se crean nuevos modelos creadores. El modelo creador del universo se genera en nuestra mente universal, en el primer nivel mental, donde también se origina el primer nivel de consciencia. Lo vimos en la figura 13, y corresponde al modelo único del nivel uno, madre del resto de modelos naturales que conocemos.

En la figura 14 vimos como esta mente original se dividía en infinidad de mentes individuales, zonas mentales inferiores en tamaño donde se crean nuevos modelos creadores, uno para cada uno de los seres vivos que existimos en ésta nuestra supuesta realidad virtual.

Otra figura utilizada anteriormente ―que nos puede servir para entender esto― es la 18. En ella observamos a los seres vivos surgiendo en el interior de la virtualidad del universo. Y en la figura 19 vimos como la consciencia universal se reparte entre todos los seres vivos. División que sucede porque cada ser vivo es un modelo creador individual más o menos sofisticado.

Cada nivel mental o de consciencia se corresponde con un determinado nivel de modelo creador. Los diferentes niveles de modelos creadores permiten que la consciencia pase de unos a otros. Donde existe una consciencia, existe un modelo creador; pero no viceversa. Cuando un modelo creador sueña, su consciencia lo abandona, se traslada a los seres de su sueño, como vimos en la figura 23. Todo modelo creador puede existir en estado dormido, sin consciencia, al menos por cierto tiempo, según podemos observar en algunas especies de seres vivos.

Los modelos creadores del primer nivel y del segundo pueden dar a luz nuevos modelos hijos, puede soñar y engendrar en su sueño una nueva generación de nuevos modelos creadores de un nivel inferior. Nuestra mente universal se queda dormida, sueña el universo y nos sueña a nosotros, modelos creadores excepcionales de segundo nivel. Y después nosotros podemos quedarnos dormidos y volver a soñar, (ver figura 4) creando en nuestro sueño seres soñados que ―sobre todo el protagonista con el que nos identificamos― parecen actuar como si fueran modelos creadores independientes. El modelo creador original no es solamente creador del universo, es también creador de nuevos modelos creadores, que a su vez pueden crear otros modelos.

Sin nuestro modelo creador no puede existir el sueño, la virtualidad, el universo, ni nosotros; ni por supuesto nuestros sueños nocturnos. Nuestro modelo, en sus diferentes versiones naturales, es el creador de toda modalidad de existencia conocida, ya sea la realidad física o las realidades que consideramos soñadas; pues todas ellas son virtuales, según nuestro supuesto. Toda forma de realidad conocida es creada en las consciencias gracias a los efectos especiales de ilusionismo generados por los diferentes sistemas de percepción y de actuación de los diferentes modelos creadores. Igual que sucede con toda forma que toda virtualidad informática, cuyos ejemplos nos sirvieron en los primeros capítulos para empezar a comprender el funcionamiento del modelo creador del universo.

Ejemplos informáticos que, unidos a los que nos proporcionan nuestros sueños nocturnos, nos han servido para obtener una idea aproximada de nuestro modelo creador, de las bases en las que se asienta nuestra hipótesis y, sobre todo, de nuestra posición en el universo.

Nosotros somos quienes desde nuestra perspectiva vamos a estudiar las fases de la creación. Era indispensable conocer nuestra posición en el universo antes de empezar a estudiarlo. Es indispensable saber que, según nuestra hipótesis, somos personajes soñados, modelos creadores de segundo nivel, conciencias inferiores engañadas por unos efectos especiales que nos convencen de percibir algo real cuando es una ilusión.

Si reconocemos nuestras limitaciones, si reconocemos algunos detalles sobre la subjetividad de nuestra forma de percibir, podremos deducir con más objetividad los detalles de la realidad que percibimos. Después de comprender esto, podemos empezar a intentar entender cómo pudieron suceder las fases de la creación bajo la perspectiva que nos ofrece nuestro supuesto.

 

ANTES DEL BIG BANG

La virtualidad surge de los diferentes tipos de motores generadores de ilusión. Todos funcionan con el esquema de nuestro modelo creador, lo único que cambia entre ellos es la materia de la que están hechos, el soporte sobre el que están construidos. Sobre un soporte informático en el caso de la virtualidad informática, o sobre un soporte mental en el caso de nuestros sueños nocturnos o en el caso del gran sueño del universo.

Por lo tanto, antes del big bang tuvo que existir en nuestra mente universal el modelo creador del universo preparado para iniciar la creación. Como antes de poder disfrutar de alguna modalidad de virtualidad informática tiene que existir un ordenador con el programa correspondiente ubicado en su interior. O como antes de tener nuestros sueños cada noche, primero hemos de dormirnos para que nuestra mente se ponga en disposición de generarlos.

Antes del big bang, nuestra mente universal probablemente comenzó asumirse en un estado alterado de conciencia, en un sueño, que le llevaría a vivir la fantasía del universo. Nuestro supuesto nos indica que en una parte de nuestra mente universal se formaron los elementos necesarios que darían forma al modelo creador del universo, como en nuestras mentes individuales se forman cada noche los elementos que nos permiten soñar, o como los ingenieros de alta tecnología diseñan las diferentes maneras de generar virtualidad informática.

En la figura 13 vemos nuestro modelo creador del universo en el interior de nuestra mente universal. Una parte tiene que actuar como una unidad central de proceso de un ordenador, como un microprocesador, donde se genera el videojuego mental, el sueño que es vivido como real. Y, como en cualquier microprocesador, dicha unidad dispondrá de un oscilador, de un generador de bits (ondas mentales en este caso) sobre el cual se asienta todo proceso de datos. Bits que son los cimientos de cualquier realidad virtual informática. Vibraciones mentales del microprocesador de nuestra mente universal que crearán la esencia constituyente de la materia que forma nuestro universo. Paquetes de ondas corpusculares, o cuantos de energía, que formarán las partículas subatómicas más pequeñas. O, visto bajo otra hipótesis de la física, ondulaciones que generarán las vibraciones básicas de las supercuerdas.

Pero, para que cualquier realidad virtual sea un hecho, hace falta un programa, un software, que la cree y la mantenga activa. Crear un ciberespacio determinado necesita de unas fórmulas matemáticas determinadas que ordenen los paquetes de bits de un ordenador para crear la ilusión espacial deseada. Un programa matemático que deberá de haber sido diseñado y creado antes de que arranque la virtualidad en el ordenador. Las constantes fundamentales y el resto de leyes de la Naturaleza, que dieron forma al universo, ya tenían que existir antes de que empezara el big bang. Programa de realidad virtual que probablemente se generó en nuestra mente universal con la misma facilidad que, en nuestras mentes individuales, se crea cada noche el programa que diseña nuestros sueños nocturnos antes de que estos se produzcan.

Programas oníricos particulares que reflejan las inclinaciones mentales de quien sueña. En nuestros sueños podemos observar ecos de nuestras mentes, de nuestros sentimientos y pasiones individuales. Nuestras tendencias personales, nuestros miedos y preocupaciones, nuestros deseos y ambiciones, nuestra forma de ser, etc. crean los programas que dan forma a los personajes y escenarios de nuestros sueños nocturnos. Nuestras tendencias personales, crean el escenario y los personajes virtuales adecuados que encarnan nuestras pulsaciones psicológicas dominantes.

Por esta razón, puede que en el sueño del universo también se estén reflejando las características básicas de la mente que lo está soñando. Nosotros mismos, como personajes soñados por ella, somos en cierta forma hijos de nuestra mente madre, reflejos de ella; incluso nuestro supuesto nos indica que en cierta manera somos ella. Como nosotros nos sentimos ser, en nuestros sueños individuales que tenemos cuando dormimos, la persona soñada con la que nos identificamos. Probablemente somos la parte más importante del sueño del universo, ya que nuestra mente universal vive su sueño intensamente en nosotros, a través de nosotros, nuestra mente individual es parte suya; somos los seres soñados por ella a través de los cuales puede vivir su sueño con más consciencia.

Antes del big bang tuvo que proyectarse la creación del escenario virtual, del cosmos; pero también tuvo que proyectarse la creación de la vida, de los personajes que habitan el universo, y especialmente de aquellos seres vivos que iban a permitir a nuestra mente universal vivir su sueño con gran realismo. El sueño del universo tuvo que ser programado desde el principio para crear formas de vida evolucionada. Consciencias que permitieran a nuestra mente universal vivir su sueño vívidamente. Nuestro supuesto nos sugiere que ese es un propósito esencial de la creación. El universo fue creado para que surgieran en él seres evolucionados que permitieran a nuestra mente universal encarnarse en ellos, como nosotros nos encarnamos en el personaje con el que nos identificamos en los sueños, o como cuando nos identificamos con un personaje de un ciberespacio informático de realidad virtual, de un videojuego.

Para nuestro supuesto, el universo y nuestro planeta lleno de vida no acabaron siendo como son por casualidad, o por causas internas, sino porque así se programó desde el principio de los tiempos. Astrónomos y físicos comentan que la historia de nuestro planeta es inexplicable, se desconoce porqué entre los millones de posibilidades que pudo seguir la materia cósmica acabó formándose un planeta como la Tierra, con unas propiedades tan excepcionales para la formación de vida. Para nuestro supuesto eso sucedió así porque esa fue la intención principal de la creación. Un sueño sin personajes vivos, animados, es infrecuente. Nuestra mente universal creó la vida no solamente para tener un ser con el que identificarse, como hacemos nosotros cada noche, sino para tener infinidad de personajes animados en los que sumergirse y poder vivir su universo soñado desde dentro, y desde infinidad de perspectivas individuales. Su naturaleza superior así se lo permite. Por esta razón, antes del big bang, antes del sueño de la creación, debió de existir ya la intención de crear seres vivos, debió de existir ya el programa de realidad virtual que daría forma al gran sueño de la vida.

 

BIG BANG

Al iniciarse la creación comenzó el sueño, arrancó el programa de realidad virtual de nuestra mente universal y estalló el movimiento ilusorio en un caos expansivo. La gran explosión inició el portento de ilusionismo causando una gran agitación de sustancia mental que supuso el nacimiento de nuestra realidad supuestamente virtual. Nuestros sueños probablemente nacen de la misma manera, una cierta agitación mental previa inicia las vivencias oníricas. Y la virtualidad informática nace también de forma semejante, una intensa agitación matemática de bits dirigidos por los programas arranca del ordenador hasta dar forma al correspondiente ciberespacio.

Concebir el big bang como el arranque de un ordenador, en el que se comienza a generar la realidad virtual de nuestro universo, nos ofrece una nueva visión de la creación. La figura 24 nos muestra a nuestro modelo creador en el momento que arranca el programa, en el instante en que comenzó a generarse un universo de ilusión, un sueño, una realidad virtual, nuestro universo. Después de haber generado nuestra mente universal las vibraciones necesarias, introdujo el programa de realidad virtual en su unidad central de proceso. Comenzó de forma semejante la que arranca una realidad virtual en un ordenador al introducir en su sistema operativo el disco que contiene el software del ciberespacio. El big bang se parece más al arranque de un programa informático que a una extraña explosión surgida de una todavía más extraña singularidad. El caos cuántico se ordena siguiendo unas pautas programadas. La organización de la materia primigenia que se inicia desde el principio en el universo nos recuerda la ordenación de los bits en el momento del arranque de un programa informático creador de un ciberespacio.

En ese momento comenzó el sueño, quizás con un estremecimiento, con una vibración, con una base oscilatoria donde se asentaría nuestra realidad. Ondas que en unas ocasiones las percibiremos como tales, pero en otras ocasiones las percibiremos como partículas de materia, y en otras como ambas, como partículas u ondas, como es el caso de los fotones.

El reloj de la unidad de proceso también se pone en marcha, y el tiempo empieza a contar. El programa arranca creando un inmenso espejismo mental en nuestra mente universal, un sueño; como en nuestras mentes individuales surgen cada noche los sueños que tenemos mientras dormimos. Mundos evanescentes creados en nuestras mentes individuales, escenarios oníricos que no existen sino en nuestra mente, mundos soñados cada noche semejantes al mundo en el que vivimos; aunque el mundo físico nos parezca más real debido a su estabilidad y a su larga duración en el tiempo.

 

CREACIÓN DE MAGNITUDES

Sabemos que las sensaciones de realidad que obtenemos de una realidad virtual o de un sueño son impresiones psicológicas, engaños, alucinaciones que experimenta nuestra conciencia al observar o al introducirse en mundos simulados, ya sean oníricos o informáticos. De tal forma que dichos mundos no existen si no en las mentes de quienes viven u observan los efectos especiales ilusorios. Por lo tanto, según nuestro supuesto, el universo solamente existe en el interior de nuestra mente universal y en el interior de nuestras mentes individuales, en nosotros que lo vivimos y lo observamos.

El cosmos, como un sueño, como una realidad virtual, es en realidad un conglomerado de efectos especiales, una ilusión que nuestra consciencia percibe como real. La realidad de una ilusión es creada por la mente que la contempla. El potencial creador del universo es mental, según nuestro supuesto. Todas las características del cosmos: sus fuerzas, sus magnitudes, su tamaño, su materia, son impresiones psicológicas, sensaciones, sugestiones que suceden en nuestra mente, en nuestra conciencia, a partir de ciertos efectos especiales que nuestra mente universal crea.

Las fases de la creación fueron un proceso creador de ilusiones. La materia, el tiempo, el espacio y la energía, son sensaciones ilusorias. Para nuestro supuesto todo el universo es una ilusión, pues está hecho de espejismos. El cosmos solamente existe en nuestra mente, es sencillamente un universo de sensaciones; un sueño, una realidad virtual.

 

EL EFECTO MATEMÁTICO

La mayor parte de las impresionantes experiencias que vivimos las causa el poder creativo de nuestra mente. Las sensaciones de realidad son sorprendentemente exageradas si las comparamos con los simples efectos que las producen. En los sueños que tenemos mientras dormimos vivimos fuertes sensaciones de realidad que nuestra mente crea con un mínimo esfuerzo mental. Incesantes universos oníricos aparecen en nuestros sueños cada noche, poblados de personajes que nos llenan de vivencias, sin que apenas tengamos que realizar grandes esfuerzos aparentes para crearlos.

E igualmente sucede con la virtualidad informática, medio mundo disfruta de las fuertes sensaciones que producen unos ínfimos efectos especiales que se generan en pequeñísimos chips. Unos imperceptibles bits gobernados por las matemáticas son suficientes para crear universos virtuales. Bits que por si solos, sin estar gobernados por complejos algoritmos, nunca podrían crear las sensaciones que nos provocan. El ejemplo informático nos indica que las matemáticas también podrían ser las principales causantes de las sensaciones de la realidad cotidiana. Las imágenes en 3D ―por ejemplo― se consiguen gracias complejos tratamientos matemáticos. La informática nos deja claro que son los efectos matemáticos los causantes de las sensaciones, el elemento soporte de tales efectos apenas tiene importancia. Un ordenador, generador de realidad virtual, podría estar hecho de cualquier materia con tal de que sus moléculas soportaran bien la intensa agitación matemática necesaria para crear virtualidad.

Del ejemplo informático podemos deducir que los efectos especiales que percibe nuestro propio sistema de percepción también podrían ser principalmente efectos matemáticos, capaces de provocar grandes sensaciones a las consciencias partiendo de ínfimos estímulos. Y esto les sucedería a todos los seres vivos, modelos creadores biológicos. Un buen ejemplo de esto nos lo da la vivencia del color. Nuestra mente convierte una pequeña parte del amplio espectro electromagnético en miles de colores. A nuestros ojos llegan unas simples radiaciones electromagnéticas, unas simples ondas matemáticamente estables que nuestra mente convierte en colores. Son unos efectos matemáticos simples que nuestra mente se encarga de pintar de colores. Las ondas que corresponden a cada color son muy semejantes entre sí, solamente cambia un poco su frecuencia, es nuestra mente quien las convierte en el arco iris. Nuestros ojos reciben unos simples efectos especiales que luego nuestro sistema de percepción transforma en las importantes vivencias que nos aportan los colores.

Y algo semejante puede suceder, según nuestro supuesto, con el resto de las percepciones básicas de nuestra realidad. Las grandes impresiones que percibe nuestra consciencia podrían estar provocadas por unos pequeños efectos especiales. La noción que tenemos de nuestro gran universo podría estar provocada por efectos matemáticos. Según nuestro supuesto, las matemáticas hechizan a nuestras conciencias, el universo fue creado por efectos matemáticos, ellos causan las sensaciones de realidad. Como los colores, nuestro supuesto nos indica que el resto de percepciones de realidad son contenidos de la consciencia, generados a partir de simples estímulos. Todas las formas de virtualidad solamente necesitan generar unos ínfimos efectos especiales muy simples si los comparamos con la complejidad de sensaciones que producen.

En el big bang comenzaron a surgir los efectos especiales básicos que son percibidos por todos los modelos creadores biológicos de realidad virtual que habitamos el cosmos, por todos los seres vivos, incluidos nosotros. Nuestra hipótesis nos lleva a suponer que la sensación de la existencia del universo se produce a partir de unos sencillos efectos especiales. Sabiendo yaque un simple efecto matemático puede causar una gran sensación en nuestras consciencias, veamos como pudieron aparecer las principales magnitudes que percibimos en nuestra realidad.

 

TIEMPO

Probablemente, en la creación, en primer lugar aparecieron las sensaciones de espacio y de tiempo. El big bang provocó una brutal agitación de sustancia virtual, movimiento que al ser percibido causó la sensación de estar sucediendo en algún lugar, causó la sensación de espacio. Y, a su vez, originó la impresión de continuidad, de existir un antes y un después; provocó la sensación de tiempo.

Todo parece indicar que cualquier movimiento crea una ilusión espaciotemporal en nuestra conciencia. Al percibir movimientos, nuestra mente crea un espacio para ubicarlos, y además realiza una comparación entre los movimientos, entre los ritmos, creando la sensación del tiempo, imaginándose el antes y el después.

Para nuestro supuesto, el movimiento no es algo que sucede en el espacio y en el tiempo, es precisamente al revés: el espacio y el tiempo surgen del movimiento. Si detenemos toda movilidad, detenemos el tiempo, y también haríamos desaparecer el espacio, pues la esencia de la materia que lo ocupa y le da sentido, los átomos y sus partículas, necesitan para su pervivencia de movimientos y oscilaciones constantes. El universo desaparecería como por arte de magia si toda la materia que lo forma se detuviera completamente. El espacio y el tiempo continuarán existiendo mientras el universo y la materia que contiene continúen moviéndose. En ausencia total de movimiento desaparecen las sensaciones de volumen y de distancia, de pasado y de futuro. Desaparecen las sensaciones de espacio y de tiempo, y sus derivadas, como la velocidad y la aceleración.

Ahora bien, conviene puntualizar que estamos hablando de movimientos coherentes, regidos por unas matemáticas sugestivas; si los movimientos son desordenados, en los que no se observa un suceder consecutivo, no producen la sensación de tiempo lineal en el que se desarrolla nuestra existencia virtual. Tiene que producirse el efecto matemático adecuado. Es la sucesión de acontecimientos lógicos lo que nos provoca la sensación de tiempo. Y para ello el programa de nuestra realidad virtual crea a los acontecimientos naturales en progresión lineal, de tal forma que den la sensación de que a cada causa le sigua un efecto.

Progresión que sorprendentemente desaparece muy a menudo cuando observamos las partículas subatómicas. En el universo cuántico en ocasiones no se percibe sensación de tiempo. En la física cuántica se observan reacciones intemporales. El electrón ―por ejemplo― cambia de orbita atómica en tiempo cero. Inexplicables comportamientos de la materia para una noción típica del universo; pero no para nuestro supuesto. Si es cierto que vivimos en una realidad virtual, y alcanzamos lo más profundo de la materia, es natural que encontremos pruebas del proceso de fabricación de los efectos especiales que nos producen la sensación de tiempo, o, al menos, estados de la materia que no están sometidos a nuestro sentido de tiempo lineal. Los efectos especiales que nos producen la sensación de tiempo fueron creados para ser percibidos por nuestros sentidos. Pero las investigaciones científicas sobre el microcosmos van mucho más allá de donde nuestros sentidos pueden llegar por sí mismos, y alcanzan esa zona donde dichos efectos especiales todavía no se han construido, o se encuentran en proceso de construcción.

Recordemos que una realidad virtual es creada en un momento, pero después tiene que mantenerse funcionando momento a momento, tiene que mantenerse viva generando constantemente efectos especiales, efectos matemáticos, mediante complejos algoritmos que procesen continuamente sus bits. Este complicado proceso podría estar observándolo la física cuántica. En el mundo subatómico desaparecen frecuentemente las magnitudes esenciales de nuestra existencia. Es evidente que no fue diseñado para ser observado. El mundo cuántico no fue construido para que lo percibiéramos, se construyó con la misma finalidad que un profesional informático crea un complejo mundo de bits para dar forma a una realidad virtual. Para las personas inexpertas en informática, resulta tan incomprensible que de una maraña de bits pueda surgir un ciberespacio, como incomprensible resulta que del mundo subatómico pueda surgir nuestro universo.

En los sueños nocturnos también se crea un tiempo particular. Al empezar a soñar dormidos comenzamos a vivir en un nuevo tiempo, no recordamos lo que estábamos haciendo cuando estábamos despiertos, salimos del tiempo diario de nuestra vida y entramos en la temporalidad soñada. Cada sueño crea un tiempo nuevo, una nueva sensación temporal, con un principio y un final; de la misma forma que el sueño de la vida crea un tiempo determinado para todos nosotros, con su principio y con su final.

 

ESPACIO

Reconocer que el tiempo es una ilusión quizás no sea muy difícil, algunos filósofos aseguran que ni siquiera existe, y otros dicen que es una propiedad del espíritu humano. La definición del tiempo ha traído de cabeza a todos los grandes sabios desde tiempos remotos, sin que todavía se haya llegado a un consenso sobre su naturaleza. Por esta razón es posible que no encontremos grandes dificultades para asumir su virtualidad.

Sin embargo, concebir virtual el espacio que nos rodea y observamos en el universo quizás nos cueste un poco más. El espacio contiene todas las cosas, incluso a nosotros, y es muy difícil imaginarse una existencia sin él. Una ayuda para comprender su virtualidad puede venirnos de la moderna concepción que considera al espacio y al tiempo como dos aspectos de una unidad, dos caras de una moneda, es el espacio-tiempo. Lo que nos puede llevar a deducir que si una es virtual, la otra también lo es. Aunque una cosa es sospechar que el espacio es una ilusión y otra experimentarlo como un espejismo de nuestra conciencia. No es fácil reconocer que la inmensidad del cosmos es una sensación producida por unos efectos especiales. Como tampoco es fácil desde el interior de un sueño nocturno darse cuenta de que el escenario onírico es una ilusión.

El espacio se creó junto al tiempo en el big bang, y se sigue fabricando ―según nuestro supuesto― instante tras instante, mediante efectos matemáticos, para mantener viva la impresión psicológica de extensión en las conciencias de quienes vivimos en el interior de la ilusión. Como ya hemos comentado, las investigaciones subatómicas alcanzan la zona de tiempo cero, y también de espacio cero. En las cámaras de burbujas de los modernos aceleradores observamos como partículas aparecen y desaparecen como por arte de magia. Sospechándose frecuentemente que esas partículas juguetonas transitan por otros espacios paralelos. Auque, para nuestro supuesto, dichas partículas se comportan así porque se encuentran en el proceso de fabricar el espacio. No desaparecen porque salten de una dimensión a otra, si no porque se encuentran en esa zona donde se está fabricando nuestra dimensión espacial. No son las partículas las que están sometidas a los cambios, es nuestro espacio el que cambia por encontrarse en proceso de fabricación. No hace falta inventarse otros espacios u otras dimensiones desconocidas para explicar tales hechos. Para nuestro supuesto, la partícula es tan virtual como el espacio que la contiene, dos creaciones de nuestra conciencia ante unos efectos especiales.

Para ayudarnos a comprender esta tremenda virtualidad podemos observar como nuestra mente se imagina, cuando vamos al cine, el espacio donde se desarrolla una película cinematográfica, o como se imagina los espacios en 3D generados en los ordenadores, o vive los escenarios donde se desarrollan los sueños que tenemos cuando dormimos. Esta facilidad para percibir espacios que no existen nos puede ayudar a considerar que nuestra mente también puede imaginar el universo donde vivimos.

La sensación de espacio pudo vivirla nuestra mente universal desde el principio de la creación como observadora, pero tuvo que esperar a que apareciera la vida y las conciencias individuales para vivirlo desde su interior. Circunstancias que no influyen en la naturaleza ilusoria del cosmos, según nuestro supuesto. Ya se observe el espacio de fuera o se viva desde dentro, es una ilusión, una creación de nuestra conciencia al percibir ciertos efectos especiales. El ciberespacio de una realidad virtual generada en un ordenador es tan ilusorio cuando se observa en la pantalla de un ordenador o como cuando nos sumergimos en un ciberespacio mediante sofisticados sistemas de inmersión.

Un disco DVD, que contenga una película de cine o un videojuego en tres dimensiones, no contiene en su material plástico ni espacio condensado ni tiempo comprimido. Sin embargo, en cuanto se escenifica su contenido y lo contemplamos, podemos sentir las sensaciones espaciotemporales que nos produce. Sensaciones que únicamente existen en nosotros, en nuestra mente, provocadas por bits grabados, por puras matemáticas digitales, por la magia de los efectos matemáticos.

Si desnudamos la virtualidad de un videojuego en tres dimensiones veremos que todas las cosas que aparecen en él, todos sus personajes y escenarios, están formados por triángulos dinámicos gobernados por complejas matemáticas, que crean poliedros de diversas formas. Esta es la forma en que los programadores informáticos crean los ciberespacios y a los objetos que contienen, consiguiendo el llamado efecto visual en 3D.

Por supuesto que la sensación de espacio de nuestro universo no se produce de igual manera. Aunque algo parecido puede estar descubriéndose en la moderna física quántica, en la teoría de campos, donde los científicos intentan definir la naturaleza de los trozos más pequeños de espacio, y descubrir las complejas leyes matemáticas que los gobiernan.

Hace tiempo que las diferentes ramas de la geometría descubrieron unas reglas matemáticas que rigen la estructura de nuestro espacio. Geometrías sobre las tres dimensiones de nuestro universo, a las cuales en las últimas décadas se le ha añadido una cuarta dimensión: el tiempo. Ahora sabemos que estas cuatro dimensiones, en complicada relación matemática, crean los cimientos espacio temporales de universo.

 

ENERGÍA

La creación de las sensaciones del espacio y del tiempo, que surgieron en los primeros instantes del big bang, fueron acompañadas de otra nueva ilusión: de la sensación de energía, de fuerza. Cuando nuestra conciencia percibe que algo se mueve, crea un espacio, un lugar, donde se produce ese movimiento, y, a su vez crea un tiempo por el que trascurre el moverse. Pero, también, crea la fuerza. Nuestra mente entiende que cuando algo se mueve, algo le está empujando para que se mueva, y ese algo lo percibe como energía.

La mayor manifestación en el universo de energía, de ilusión de fuerza, se produjo en el big bang, en su brutal movimiento explosivo. Y a partir de ahí se sucedieron infinidad de procesos cósmicos que los concebimos acompañados de enormes y diversas manifestaciones de energía. Impresiones psicológicas de fuerza que nos resultan imprescindibles para entender la formación de las galaxias y de las estrellas. Incluso la creación y la evolución de nuestro planeta la entendemos mediante una sucesión de enérgicos procesos geológicos y atmosféricos. Las fuerzas de la Naturaleza son unas de las sensaciones psicológicas que más impresionan a nuestra conciencia, que más sensación de realidad nos producen, a pesar de que ―según nuestro supuesto― son una ilusión.

En cualquiera de los sueños que tenemos mientras dormimos también percibimos innumerables manifestaciones de energía que nos impresionan. Y en una realidad virtual, como puede ser la de un videojuego de guerra, también podemos sentir la fuerza de ejércitos virtuales y de sus armas bélicas. Pero, en ambos casos, es mínima la energía que se necesita para producir esas fuertes sensaciones. Nuestra mente individual apenas sufre desgaste aunque en un sueño nocturno vivamos un terremoto o nos persiga un dinosaurio. Como también es mínima la energía que necesita un ordenador para desarrollar una realidad virtual que nos traslade a la segunda guerra mundial, por ejemplo, y no cesen de caer bombas en los escenarios virtuales.

La creación, según nuestro supuesto, no necesitó de otra energía que la necesaria para que el oscilador de la unidad central de proceso de nuestra mente universal vibrase, y para que dichas vibraciones fueran moduladas por su proceso matemático interno. Una cantidad de esfuerzo insignificante en comparación con el apoteósico derroche de energías que percibimos en la Naturaleza de nuestro planeta o en el espectáculo del cosmos. Una cantidad de esfuerzo semejante a la que necesitan nuestras mentes individuales para hacernos soñar, o un ordenador para generar una realidad virtual.

Las ostentaciones de fuerza que presenciamos en los sueños nocturnos o en los ordenadores no existen, son ilusiones. No hace falta fuerza alguna para que despegue un avión de pasajeros de un programa informático de adiestramiento de pilotos, el avión se levanta por una orden de programación que no necesita apenas energía eléctrica para llevase a cabo. Y la energía que necesita nuestra mente particular para crear un volcán en erupción, en uno de nuestros sueños, es prácticamente nula; el volcán hace temblar la tierra y vomita lava, pero ni el volcán ni la lava existen en realidad, solamente existe la orden de nuestra mente para que así suceda. Una orden que no le cuesta esfuerzo dar. Cada noche vivimos en los sueños multitud de manifestaciones de energía que no necesitan de otra energía real que la voluntad de nuestro subconsciente, su orden para que así suceda.

Y todas las manifestaciones de energía de nuestra realidad ―según nuestro supuesto― son provocadas por las órdenes programadas en la unidad central de proceso de nuestra mente universal, por matemáticas aplicadas, por el efecto matemático, por diversas órdenes de programación aplicadas sobre la materia virtual que crean multitud de ilusiones de fuerza, de energía.

 

MATERIA

Las dificultades para aceptar que tanto la energía que percibimos en la creación, como el tiempo y el espacio, son creaciones de nuestra conciencia, son insignificantes comparadas con las que nos podemos encontrar para admitir que la materia es otra ilusión, otra sensación creada por nuestra mente, tal y como nos sugiere nuestro supuesto. Y nos cuesta admitirlo porque los seres humanos estamos hechos de materia, porque nuestra civilización es materialista, y porque a menudo se considera a nuestra mente y a nuestra conciencia producto de la materia, de la materia gris en este caso.

En las primeras fases de la creación que nos propone nuestra hipótesis, cuando nuestra conciencia era una espectadora, cuando todavía no se había sumergido en los seres vivos, no debía de resultar tan difícil comprender que la materia es una ilusión. Como no es difícil comprender que los objetos que observamos en los ciberespacios informáticos son una ilusión. Y como tampoco cuesta reconocer que los cuerpos que aparecen en los sueños, que tenemos mientras dormimos, son producto de la imaginación; reconocimiento que tenemos ―naturalmente― después de despertar. Porque, cuando nos encontramos en el interior de los sueños, sentimos los cuerpos oníricos tan reales como los de la vida diaria. El poder observar el sueño distanciados de él en el tiempo, después de despertar, es lo que nos permite reconocer su virtualidad. El poder observar los ciberespacios informáticos alejados de ellos, de verlos en los monitores, es lo que nos permite reconocer su virtualidad. Por lo tanto, si pudiéramos alejarnos de alguna manera de nuestra realidad cotidiana, podríamos reconocer la virtualidad de la materia física; pero, al encontrarnos de por vida sumergidos en ella, la dificultad puede ser insuperable.

Ni los asombrosos descubrimientos de la física cuántica, que nos descubren unas entrañas de la materia carente de las típicas características materiales, son capaces de hacernos reconocer y sentir la virtualidad de nuestro mundo material. Pero, si hemos de avanzar describiendo las fases de la creación según nuestro supuesto, tendremos que aceptar tarde o temprano que la materia es otra sensación. Quizás la más intensa de todas las ilusiones del portento virtual de la creación, la que más penetra a través de nuestros sentidos y la que más diversidad de sensaciones nos produce.

Para nuestra hipótesis no existe lugar a dudas: la materia es una sensación, como el tiempo, el espacio y la energía. Una impresión creada por multitud de efectos especiales que nos provocan un sinfín de sensaciones materiales que nos llegan a través de los sentidos. Proceso de percepción del que hablaremos cuando estudiemos la vida. Ahora, nos encontramos en los inicios de la creación, cuando todavía nuestra conciencia no vive tan intensamente la materialidad, cuando observa la creación desde fuera de ella.

Si conseguimos evocar esa situación primigenia, si conseguimos imaginarla, es posible que podamos empezar a asumir la virtualidad de la materia. El uso de nuestra imaginación puede alejarnos de nuestra realidad y ayudarnos a comprender que la materia de nuestro mundo es tan virtual como lo es la de los sueños que tenemos cada noche o la de las realidades virtuales informáticas.

En los inicios del big bang, junto con las ilusiones de energía, de tiempo y de espacio, también se empezó a crear la ilusión de materia. Proceso creador que costó millones de años. Las fuerzas fundamentales, el tiempo y el espacio, se crearon en menos de un segundo. La materia también apareció en ese tiempo, pero en forma de polvo compuesto por pequeñas partículas subatómicas que necesitaron casi un millón de años para agruparse en átomos. Fue entonces cuando las grandes nubes de polvo cuántico que llenaban el espacio desaparecieron, y el universo se hizo transparente. Después hicieron falta millones de años más para que se formasen las moléculas de las diversas materias que pueblan el cosmos.

En el primer segundo después de la gran explosión se crearon las partículas elementales. Después, el programa de la unidad central de proceso de nuestra mente universal fue ordenándolas, acoplándolas entre sí mediante las órdenes de programación que llamamos fuerzas nucleares, para acabar formando con ellas átomos. Y más tarde, las órdenes de programación que damos en llamar leyes de la química, agruparon los átomos para formar moléculas. Y otra importante orden de programación, la ley de la gravedad, se encargó de agrupar grandes masas de materia en el cosmos para así crear los astros.

El big bang supuso el arranque del programa que creó nuestra realidad virtual, nuestro universo. Las órdenes de programación, las matemáticas, las leyes de la Naturaleza, lo que sentimos como fuerzas o energías, ya se encontraban dispuestas para actuar en el interior del programa que iba a dirigir la creación. Después del arranque del programa, dichas órdenes se aplicaron a las vibraciones esenciales del oscilador de la unidad central de proceso de nuestra mente universal, es decir: se aplicaron a la naturaleza ondulatoria de las partículas elementales de materia. Entonces se produjeron multitud de combinaciones ondulatorias, de las que surgieron todas las formas de materia que conocemos.

Así se crearon las ilusiones materiales. Importantes efectos especiales que, cuando los percibimos a través de los sentidos, nuestro cerebro y nuestra conciencia los percibe como realidad. La materia es, sin lugar a dudas, la sensación que más realismo imprime a nuestra supuesta realidad virtual en la que vivimos.

Realismo que, a pesar de su seriedad, desaparece cuando la física cuántica observa a la materia demasiado cerca y alcanza su proceso de fabricación. Sabemos que todos los contenidos de una realidad virtual, además de ser creados en un principio, también tienen que ser creados constantemente. Como vimos en el caso del tiempo y del espacio, las investigaciones sobre las partículas subatómicas alcanzan a observar el micro mundo donde se está creando constantemente nuestra realidad. Lugar prohibido para nuestros sentidos y para nuestro entendimiento hasta hace pocos años. Si cuesta entender la física cuántica es porque en las entrañas de los átomos se está creando nuestra realidad, incluida la materia, se están creando las ilusiones. Es muy difícil entender el proceso de fabricación de una ilusión si no se es experto en los efectos especiales que se estén empleando. Y, ciertamente, los seres humanos no somos expertos en aquellos efectos especiales que crean nuestro mundo, probablemente porque también nos crean a nosotros. De todas formas vamos a cometer la osadía de intentar comprender el proceso de fabricación de nuestra realidad, a sabiendas de que cometeremos algún que otro error de interpretación.

©  Guzmán Marín  2006

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