EL FUTURO

  
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            Siento no conocer arte esotérico para predecir el futuro, es algo que no me interesó nunca; y como tampoco estoy en contacto con voz alguna del más allá, de esas que tanto abundan en los ambientes sectarios, expertas en decirnos cómo nos va a ir en la vida, nos vamos a ver obligados a hacer uso únicamente de nuestra inteligencia para intuir el devenir de los acontecimientos en los ambientes más espirituales del mundo.  Puede parecer poca ayuda para tan arriesgado empeño, pero, en mi opinión, es más que suficiente.  A lo largo de este libro me he esforzado en demostrar que, aún en los laberínticos caminos del alma, la inteligencia del hombre es superior a la de los dioses.  A la hora de predecir nuestro futuro, en mi opinión, son más fiables los cálculos de una lógica razonada imparcial que los que nos puedan ofrecer el tarot, la astrología, la bola de cristal o cualquier médium profético.  Por lo tanto, hagamos nuestras predicciones de futuro haciendo uso únicamente de lo evidente:

            Ya hemos hablado de que los cambios en el nivel espiritual de la Humanidad siempre han sido lentos.  Pero un individuo, o un determinado grupo de individuos, pueden experimentar cambios más rápidamente que gran parte de la sociedad.  De hecho es en las sectas donde primero se gestan los cambios espirituales que más tarde afectarán al resto del mundo.  Por lo tanto, con observar el desarrollo de los acontecimientos en estas puntas de lanza de las diferentes revoluciones espirituales, estaremos viendo las movidas que en un futuro pueden llegar a cuajar en la sociedad.  Y como a lo largo de este libro ya hemos expuesto un repertorio de estas movidas, ya tenemos datos más que suficientes para obtener un abanico de posibilidades de futuro.

            Por un lado es obvio que los inmovilistas continuarán siéndolo.  Las religiones en el poder continuarán haciendo todo lo posible por no perder sus terrenos conquistados.  Y, en consecuencia, continuará la persecución de las sectas en plan moderno, en los medios de comunicación.  Los más avispados, haciendo caso omiso de la publicidad negativa, continuarán utilizando a las sectas para seguir aprendiendo y evolucionando; mientras que los menos afortunados serán manipulados por ellas, tal y como ha sucedido siempre:  Grandes personajes de la Historia fueron adiestrados en sectas y sacaron gran provecho de ellas, recordemos que la masonería adiestró a muchos de nuestros políticos ―por ejemplo― mientras que al pueblo se le convenció, y se le sigue convenciendo, de que las sectas en general son perniciosas.  Muchas  personas utilizarán, como siempre, las sectas para potenciar su éxito profesional, a la vez que ocultarán ser alumnos de semejantes escuelas de aprendizaje; mientras otras personas continuarán sufriendo penosas consecuencias en estas asociaciones.  (Me gustaría que en esto no se viera nada extraordinario, en otro tipo de asociaciones sucede lo mismo: en los ambientes laborales, por ejemplo, unas personas son felices y alcanzan el éxito, mientras otras padecen el trabajo como un castigo divino).

            Continuarán anunciándose nuevos apocalipsis, y continuarán haciendo el ridículo quienes los anuncian; lo que no impedirá que los vuelvan a anunciar nuevamente.  Seguirán anunciándose nuevas venidas de Cristo y del anticristo, de la virgen, de los extraterrestre, etc.

            Por supuesto que tanta patraña esotérica continuará provocando que muchas personas deseen que las sectas desaparezcan de nuestra sociedad, pero mientras no encontremos otra forma de saciar la sed de divinidad del hombre, las sectas continuarán haciendo su papel de buscar pozos en las profundidades del alma humana para sacar algo de agua y dar de beber al sediento buscador de dios.  Quien sueñe con un futuro sin sectas, en vez de continuar perdiendo el tiempo en perseguirlas (y alimentarlas así con mártires) que busque alternativas; pero alternativas reales, que estén a la altura de lo que se vive en las sectas.  No hagamos como con las drogas, ofreciendo a la juventud alternativas que no le llegan ni al tobillo al gigante de la drogadicción.  Perseguir estos fenómenos sociales, sin ofrecer alternativas equivalentes, ya debiéramos de saber que apenas da resultados.

En este empeño por encontrar una alternativa válida aparecerán en escena las llamadas religiones universales, mezcolanzas a gusto del consumidor de las movidas espirituales más conocidas.  Pero, como ya hemos comentado, serán más de lo mismo. 

Otras esperanzas se centran en soñar con un sínodo de las religiones más importantes del planeta, que concluyera con la creación de un parlamento espiritual.  Una especie de foro común que gobernase las almas del mundo entero, semejante al de las Naciones Unidas, que se llamaría Cielos Unidos o algo así.  Ésta es una utopía en mi opinión imposible de conseguir, pues cada religión tiene ingredientes básicos incompatibles con los ingredientes de las restantes religiones.  Ya hemos visto en nuestro pasear por las sectas que las bases de cada una de las creencias niegan la existencia de otras creencias tan válidas como la suya.  La Historia nos ha dejado abundantes muestras de la furibunda intransigencia que las religiones siempre han tenido entre sí.  Y aunque ahora en los países civilizados se comporten más civilizadamente, gobernar el mundo espiritual por tantos gobernantes de los paraísos celestiales como hay, es un logro muy difícil de conseguir.  Además, no olvidemos que muchos países subdesarrollados se encuentran en una etapa histórica semejante a la de nuestras cruzadas, en clara lucha contra infiel, en este caso nosotros. 

Y para quienes estamos esperando una auténtica revolución espiritual, no creo que nos venga precisamente de la religiosidad tradicional, sino de fuera de ella.  La tradición no tienen nada nuevo que aportar, precisamente su fuerza se basa casi siempre en sistemas inamovibles milenarios.  Lo novedoso vendrá causado por la influencia de los grandes cambios sociales, culturales, científicos, de nuestra sociedad. 

La gran proliferación de sectas es una consecuencia de nuestra revolución social, de nuestras libertades sociales.  Toda una revolución para la espiritualidad y el conocimiento humano.  Muchas personas pueden cambiar de creencia hoy en día con una facilidad asombrosa, y experimentar nuevas formas de religiosidad.  Toda una oportunidad de realizar análisis comparativos impensable hace unas cuantas décadas que puede revolucionar los caminos espirituales.

Pero, quizás lo más novedoso, nos llega del impacto cultural científico en la religiosidad.  La cultura científica popular ―que muy a menudo tiene muy poco de científica― continuará gestando creaciones de ciencia-ficción religiosas de origen extraterrestre.   Pero, como ya hemos estudiado, siguen siendo el mismo tipo de creaciones que durante miles de años hemos realizado los terrestres, aunque ahora con ensoñaciones científicas añadidas. 

Más la ciencia, sin ensoñaciones, la auténtica, la que está cambiando nuestras vidas en los países desarrollados, es la que probablemente llegue a gestar nuevas vías espirituales totalmente nuevas.   Habrá casos (quizás el nuestro) en los que nos atreveremos a utilizar los descubrimientos científicos ―dentro de lo posible― para investigar la espiritualidad del hombre.  Si las ciencias están siendo un gran motor de importantes cambios en nuestra civilización, probablemente sean ellas también un gran motor de importantes cambios en nuestra espiritualidad.  El rigor científico puede que nos ofrezca una posibilidad para salir del caos espiritual que la Humanidad lleva padeciendo desde hace milenios.

Si no deseamos que nuestro futuro sea semejante a nuestro pasado, habremos de utilizar herramientas totalmente nuevas para cambiarlo.  Quienes no somos creyentes no podemos quedarnos sentados esperando a que los dioses nos liberen de las viejas cadenas de la ignorancia.  Y quienes, además de no ser creyentes, intuimos que tras las creencias existe algo real, y estamos dispuestos a descubrirlo, habremos de enfrascarnos en una extraordinaria investigación.

El hombre tiene la suficiente fuerza de voluntad como para cambiar el caótico devenir de los acontecimientos espirituales que se han ido produciendo siglo tras siglo en la Historia.  Siempre hemos tenido tal fuerza de voluntad, pero nunca hemos sabido aplicarla correctamente.  Los juegos de ilusionismo de nuestra propia mente nos han abocado siempre al fracaso.  Pero ahora tenemos unas herramientas extraordinarias que nos pueden ayudar a conseguir lo que nunca hemos conseguido.  El método científico, por ejemplo, es ya parte de nuestra cultura, y su rigor investigador nos puede ayudar a labrar un futuro espiritual sin ilusionismos.  Nuestro futuro espiritual, si ha de experimentar cambios sustanciales, será a causa de nuestra cultura científica (no de ciencia-ficción).  Las ciencias, aunque a muchos les resulte increíble, es muy posible que nos ayuden a conseguir vivir nuestra gloriosa divinidad sin necesidad de creencia alguna. 

La fe está en crisis, muchos de nosotros ya hemos dejando las creencias a un lado; pero continuamos con hambre de felicidad.  Nuestro instinto nos empujará a la búsqueda de alimento espiritual y nos obligará a usar las herramientas más eficaces para encontrarlo.  Y ya en nuestra cultura es habitual que las herramientas más eficaces para conseguir lo que deseamos sean científicas.  Por está razón, nuestro futuro espiritual es inevitable que tarde o temprano se vea influenciado por las ciencias, aunque puede que todavía tengan pasar siglos hasta que las ciencias penetren definitivamente en el espíritu humano.  Mientras tanto, hagamos uso de la libertad que como hombres tenemos para labrar nuestro futuro, y vayamos abriendo nuevos caminos al caminar.