LA CREACIÓN DE MITOS

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            No es necesario realizar exhaustivos estudios antropológicos para observar cómo se crea un mito en torno a un líder religioso.  En la actualidad tenemos ejemplos de todas las fases de creación de un mito, podemos observar su proceso evolutivo desde sus principios.  En muchos casos, como en el budismo tibetano, los lideres o los santos son adiestrados desde niños para la santidad.  Elegidos por los astros o por los videntes, son apartados de sus padres para hacer de ellos seres divinos; modelos ejemplares de lo que puede conseguir una educación determinada desde la infancia en los seres humanos. 

Pero los casos más extraordinarios de santidad son aquellos surgidos del pueblo sin manipulaciones previas.  En el hervidero espiritual hindú tenemos ejemplos de todas las fases de la creación de un personaje mitológico por generación espontánea.  Normalmente, en la infancia suelen ser niños muy normales con algún pequeño síntoma de niño prodigio, pero sin mayor importancia.  Ya en la adolescencia comienzan encauzar sus preferencias por la vida espiritual, como tantos otros que eligen el celibato y la religiosidad, a diferencia de la mayoría de los jóvenes de su edad que comienzan a pensar en cosas más mundanas.  Si su adiestramiento esotérico le permite continuar evolucionando espiritualmente, y alcanza la facultad de hacer algún milagro, su conversión en mito está garantizada.  Cuando la población hindú comprueba la santidad de dicha persona, ya sea hombre o mujer, certificada por sus milagros y por la dedicación de su vida a la enseñanza de las virtudes necesarias para alcanzar la beatitud, ya se le considera oficialmente un maestro espiritual, un gurú.  Sus devotos seguidores comienzan a escribir su historia particular, su curriculum espiritual, su historia sagrada, donde se hará una detallada recopilación de todos los acontecimientos virtuosos que haya protagonizado, en especial los milagros.  A partir de aquí, la realidad comienza a mezclarse con la ficción.  La inventiva de los autores de las historias sagradas no tiene limite: el gran fraude espiritual comienza a tomar cuerpo, pronto se comentará que se trata de una encarnación de alguna entidad divina.  Su familia también se verá implicada, arrojada sin remedio al escenario de la nueva realidad virtual que se está creando; sus padres y familiares se verán santificados aunque sean personas muy normales.  Las circunstancias, tanto de la gestación como del nacimiento del individuo, se convertirán en milagrosas como por arte de magia, señales del cielo inventadas santificarán con todo lujo de detalles un pasado más o menos corriente, así convertirán a una persona normal en un elegido de dios incluso antes de su nacimiento, pues seguro que encontrarán a alguien que anunció su santa venida a este mundo.  El nuevo santo ya tiene su historia sagrada particular.  Sus devotos no cesarán de cargar su guirnalda de bendiciones.  Las exaltadas experiencias espirituales que se producen a su alrededor propiciarán la creencia de que son ciertas todas las glorias que de él se cantan. 

            Y llegada la hora de su muerte, el proceso no se detiene, normalmente se amplifica.  Existe una explosión de fuegos artificiales esotéricos cuando estos dioses hechos hombres fallecen.  Este es un fenómeno muy digno de tener en cuenta.  Los discípulos continúan comunicándose con su maestro fallecido, sienten su presencia en sus reuniones y rituales incluso con más fuerza que cuando estaba vivo.  Experimentan una infusión de energía espiritual enorme, una euforia mística que les hace afianzarse más todavía en la fe en su maestro y en la doctrina que él predicó. 

            Siento no poder dar explicación a este fenómeno.  Como dije en la presentación de este libro, en muchas ocasiones tenemos que conformarnos con relatos de hechos incomprensibles para la razón, pero que han sido y son de gran importancia en el mundo de las sectas y, por lo tanto, en la Historia de la Humanidad.

Este efecto post mortem, típico de todos los grandes maestros espirituales, ha generado a lo largo de la Historia de la Humanidad sorprendentes cambios sociales.  La euforia que los discípulos pueden llegar a sentir y las maravillas que ―supuestamente― su maestro puede realizar a través de ellos, es de tal magnitud que el proselitismo está más que garantizado.  Y si se tiene la suerte de convertirse dicha doctrina en oficial, por haber sido acogida por los poderes políticos y militares del país o países en expansión donde está sucediendo el milagro, puede convertirse en una religión universal.

Para ello también es indispensable que la nueva creencia se vea apoyada por las escrituras, ninguna religión universal pudiera haber llegado a extenderse por el mundo si no hubiera sido por la escritura.  Y probablemente la escritura no hubiese prosperado como lo ha hecho, a lo largo de la Historia, de no ser por la urgente necesidad de conservar en el escrito las claves evocadoras de las vivencias espirituales.  Los textos sagrados han sido durante milenios la lectura madre de toda civilización, y en la actualidad en muchos países continúan siéndolo.  

Toda escritura sagrada nos habla de la vida y milagros de los maestros espirituales, de sus doctrinas y rituales, de las revelaciones divinas que recibieron del más allá, y de las realidades virtuales espirituales donde se ubica todo el teatro esotérico.  Es un tipo de escritura, llamémosle mágica, que puede provocar la experiencia mística en los creyentes con solo leer las palabras del libro sagrado. 

Para la permanencia inalterable en el tiempo de un mito es necesaria la escritura.  Hasta que ésta no hizo su aparición, los mitos se transmitían oralmente y, por lo tanto, se desvirtuaban moldeados a capricho por la imaginación de los narradores.  Tanto es así que no podemos saber cuál es el origen de toda la mitología griega, por ejemplo; los primeros escritos sobre los dioses griegos, relatan hechos tan fantásticos e irracionales, que demuestran las abundantes imaginaciones fantasiosas que a través de las generaciones transformaron los hechos que originaron esos mitos.

Cuando el fenómeno mitológico nace en una sociedad que conoce la escritura, a pesar de que en ella también se puedan relatar exaltadas fantasías espirituales, tendremos al menos un documento más real que si su historia hubiera sido transmitida oralmente.  Y con sólo observar como se continúan produciendo conatos de creación de mitos en el seno de las sectas occidentales, o en sociedades de densa espiritualidad, como por ejemplo en la India, podremos comprender cuál fue el origen de los hechos que relatan las escrituras antiguas. 

Aunque siempre habremos de tener presente que cuanto más alejada en el tiempo se ubique la creación del mito y su inmediata escritura, aumentarán las probabilidades de que la auténtica historia original haya sido falseada.  Si los primeros escritos realizados por testigos directos del acontecimiento espiritual ya son capaces de añadir fantasiosos complementos destinados a engrandecer lo acontecido, no digamos a lo largo de los siglos lo que se puede añadir, borrar o tergiversar; la manipulación interesada está garantizada cuando se realizan copias o traducciones de las escrituras sagradas.  En las escrituras con más de mil años, aunque se haya sido lo más fiel posible al original en todas sus traducciones o copias, nos llega a nosotros muy poco de lo que realmente sucedió o del mensaje que aquel maestro de aquel tiempo transmitió a sus discípulos.  Aunque el texto fuera el mismo, no nos llegaría a nosotros el mismo significado, ya que las palabras de hoy no significan lo mismo para nosotros que lo que significaban para las personas de hace miles de años.  Sobre todo los vocablos de cariz espiritual son de una relatividad tremenda, ya que están basados en la experiencia y en la interpretación personal o cultural de la época, y si un escritor relata su vivencia personal de un acontecimiento sagrado, mal lo puede traducir quien no haya tenido la misma vivencia ni conozca los patrones de interpretación vigentes cuando ocurrieron lo hechos.

Sin embargo ―y esto es sorprendente― cuanto más viejo es un mito, más solera tiene y más a gusto se consume.  El creyente apenas se para a pensar en todas las fantasías que se hayan podido añadir durante los siglos en que estuvo vigente.  En la dimensión espiritual del hombre pesa más la tradición que la lógica más sensata.  Y cuanto más fantasioso es un mito más atractivo resulta. 

Las fantasías añadidas convierten los hechos originales en leyenda, por ello es necesario observar las creaciones de mitos cercanas en el tiempo, para ayudarnos a comprender los mitos que tienen más de mil años.  Siendo conscientes de que no todos los mitos siguen unas pautas semejantes en su creación, ya que pueden existir diferentes versiones creadoras de un mismo mito.  No es infrecuente que, después del fallecimiento de un personaje destinado a convertirse en mito, sus discípulos más directos, embriagados por la euforia mística, se dividan y creen diversas vías doctrinales, y distintas historias sagradas según la interpretación de cada uno, e incluso ubiquen a su maestro en diferentes realidades virtuales espirituales.  Enseñanzas de importantes maestros espirituales fallecidos en este siglo han sido dispersadas en tantas ramificaciones como discípulos directos tenían.  Y cuando los mitos permanecen vigentes durante varios siglos, en muchas ocasiones sufren una disgregación incesante.

  Un ejemplo muy familiar para los occidentales lo tenemos en Jesucristo.