LA TRANSMUTACIÓN DE LAS ENERGÍAS

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            El auge que las ciencias han experimentado en el último siglo, en los países desarrollados, ha introducido en nuestra cultura popular un gran número de términos científicos que a su vez han sido absorbidos por los diferentes caminos espirituales.  La utilización de estos términos permite dar explicaciones más sofisticadas y detalladas de las magnitudes espirituales,  incluso de esta forma dan la sensación de ser más convincentes al imprimirles un carácter científico.

            Entre todos ellos, el concepto de energía es el más utilizado en todas sus variantes y sinónimos.  Ya forman parte del vocabulario esotérico popular expresiones como: el poder de la fuerza, la radiación divina, la luz sanadora, la energía universal, el poder mental, las radiaciones cósmicas, las fuerzas del lado oscuro, las energías armonizadoras, las buenas y las malas vibraciones, las energías positivas, negativas, constructivas, destructivas, etc.

            Por supuesto que el término energía siempre se ha utilizado, pero nunca con tanta asiduidad como en la actualidad.  Las religiones, las vías espirituales o esotéricas, o los métodos sanadores, que incluyen alguna forma de energía en sus doctrinas, están de enhorabuena en los tiempos actuales.  El utilitarismo de nuestra civilización acepta muy complacido la utilización de cualquier tipo de energía, con tal de que sirva para mejorar el potencial personal de los individuos.  Ser más fuertes suele atraernos más que ser mejores y más espirituales.  El gran interés que despiertan las energías ―sean del tipo que sean― está mermando el viejo protagonismo de los dioses, incluso en muchos casos los dioses están siendo sustituidos por las energías.  Esto nos puede dar la impresión de habernos liberado de la brutal prepotencia de viejos dioses, pero en realidad apenas sucede cambio alguno cuando la creencia en un dios se sustituye por la creencia en una energía.  Lo que antes era un dios, ahora se llama energía.  Muy a menudo las energías esotéricas hacen el mismo papel que las deidades, solamente cambia el calificativo, se hace más moderno y más científico; pero el creyente se relaciona con él como si de deidades se tratara. 

Probablemente, la deidad y la energía sean la misma cosa, un dios sin energía no es nada, y toda energía está sometida a unas leyes que la gobiernan, y las leyes que rigen el comportamiento de una energía son interpretadas por el creyente como impuestas por la voluntad divina.  En la antigüedad las energías se convertían en deidades como por arte de magia, y, hoy en día, las deidades de la antigüedad se están convirtiendo en energías por la influencia del pensamiento científico.  Incluso con la deidad suprema, el dios infinito, está sucediendo algo semejante, ahora resulta habitual dirigirse a él llamándolo poder superior, luz infinita, suprema energía de vida, poderoso espíritu soberano, etc.

No se puede evitar que las creencias estén influenciadas por nuestra cultura, nuestros intereses personales o nuestras circunstancias.  Nuestros antepasados creaban realidades virtuales espirituales relacionadas con las fuerzas de las Naturaleza, mundos imaginados que daban acogida al dios de las aguas, del viento y del sol.  Dioses que tenían un aspecto u otro según les iba a sus devotos en su relación con las fuerzas que representaban.  Si el clima era benigno con ellos, los dioses que los creyentes veían eran de aspecto muy agradable; pero si les iba mal la cosa: las aguas se convertían en torrentes destructivos, el viento en huracanes, o la sequía otorgaba al sol un poder abrasador; los dioses que ellos verían no serían de aspecto muy agradable.  Este es un ejemplo práctico de cómo las energías, en este caso las fuerzas de la Naturaleza, fueron convertidas en dioses diferentes. 

Como venimos diciendo, cuando nuestra mente no es capaz de darnos una explicación lógica que podamos entender sobre algún acontecimiento, entonces, si continuamos insistiendo, pidiéndole una explicación, nuestro cerebro nos la dará creando una realidad virtual que nos explique lo que en realidad no podemos explicarnos de otra manera mejor.  Podríamos pensar que esto ya es Historia, y creer que las ciencias nos dan explicaciones suficientemente satisfactorias como para no tener que crearnos realidades virtuales.  Esto es verdad en relación con las magnitudes físicas comprendidas científicamente; pero, con las psíquicas o espirituales, estamos como nuestros antepasados estaban con las fuerzas de la Naturaleza, no cesamos de utilizar realidades virtuales para explicarnos y poder entender las movidas de esas energías por nuestros interiores.

En el yoga encontramos un ejemplo práctico de todo esto que estoy diciendo y que a mí  me tocó vivir muy de cerca.  Kundalini es la energía madre del yoga, yace dormida en nuestro interior, y en su despertar reside nuestra realización como seres espirituales.  Es una diosa muy poderosa.  Su despertar en nosotros requiere un laborioso proceso que puede necesitar para ser concluido varias vidas, según el yoga, claro está.  Muchos occidentales pensaron que esto era así porque en la India no se conocía el despertador, y, ni cortos ni perezosos, se lanzaron a intentar despertar a la bella durmiente.  Los que lo consiguieron, comprobaron que el ruido del despertador no es bien recibido, no solamente por los que vivimos en este mundo, sino que también molesta a quienes viven en el otro, y se encontraron con una diosa enfurecida convertida en una serpiente de fuego bastante enojada.  Cuando yo hacía yoga ―como comenté en el capitulo de los chacras― también tuve la desgracia de despertar esa fuerza que de poco me abrasa vivo.  Yo no recuerdo haber puesto despertador alguno (ya había sido avisado del peligro que corría), pero se conoce que, cuando anduve por mis interiores, debí de hacer algún ruido de más que despertó a la diosa antes de tiempo, y se me desató la tragedia.  Gracias a que hoy puedo contarlo, incluso en clave de humor; pero doy testimonió de que ese tipo de energías no son ninguna broma.  Cuando decidí bucear en mí para ver que estaba sucediendo en mis profundidades, allí estaba esa serpiente de fuego, era como una barra al rojo vivo que amenazaba con atravesar mi cuerpo, incluso emitía una especie de silbido semejante al que emiten las serpientes.  Más tarde aprendí que esa misma energía, que de poco me destroza los nervios, es representada en otras ocasiones como una madre toda llena de amor.  ¿Cómo es posible que una deidad pueda ser a la vez algo destructivo o algo sumamente beneficioso?  Pues de la misma forma que para nuestros antiguos era la diosa de las aguas: cuando todo iba bien era una diosa de vida y alegría, pero si se convertía en torrente y arrasaba todo lo que pillaba por delante, entonces era un demonio maligno. 

Kundalini es una fuerte radiación bioenergética de nuestro cuerpo, su poder es semejante a la fuerza del agua contenida en un enorme pantano, si nos equivocamos al manipular las compuertas de la presa, o éstas se rompen por alguna causa, el poder de las aguas es netamente destructivo, pero si su fluir se regula de forma adecuada, es una fabulosa fuente de vida.

 Hoy en día, la mayoría de nosotros no vemos deidades en las aguas, sencillamente porque conocemos casi todos sus misterios, desde los meteorológicos hasta los químicos.  Nada nos induce a pensar que haya un espíritu gobernando el líquido que sale por nuestros grifos.  ¿Quién se puede creer hoy en día que en torno al agua, al fuego, al viento, a los volcanes y al sol, existan dioses dirigiendo su comportamiento?  Está claro que aquellas religiones primitivas eran producto de la ignorancia sobre las fuerzas de la Naturaleza, eran causa del miedo y de la superstición del hombre antiguo.  ¿Y no nos resulta ahora obvio deducir de qué son producto las religiones actuales, así como tanta vía espiritual llenas de intrigas, amenazas apocalípticas, misterios insondables, peligros terribles, energías aplastantes, dioses y demonios que nos exigen grandes sacrificios?     

Hasta que no descubramos todos los entresijos de las profundidades de nuestra mente, continuaremos creando realidades virtuales para explicarnos lo que nos sucede.  Si nuestras energías psíquicas latentes se desatan sin control pueden causarnos verdaderos estragos, y entonces creeremos que se trata de una energía negativa o de un demonio que nos está fastidiando, pero si fluyen a través de nosotros de forma armoniosa y son causa de bienestar, entonces creeremos que se trata de un tipo de energía positiva o de una deidad beneficiosa derramando sus gracias sobre nosotros.

Es necesario comprender esto para continuar adelante.  Las energías psíquicas o espirituales son algo natural, pero las deidades que se nos antojan representándolas son invenciones nuestras o de nuestros antepasados, como también lo son cuando nos las imaginamos solamente como determinadas energías gobernadas por leyes implacables, con propiedades y aplicaciones específicas sin ninguna base científica.  Teniendo en cuenta que, cualquier creencia sobre una energía de la naturaleza, como pudiera ser la del viento, no se va a ver afectada en su comportamiento, creamos que la gobierna el dios A o el dios B.  El viento seguirá soplando según las leyes de la meteorología, no según las ordenes del dios que queramos ponerle encima.  Pero nuestras fuerzas psíquicas o espirituales sí que se ven afectadas por nuestras creencias.  Yo no hubiera tenido la experiencia que tuve con Kundalini si no hubiera sido un yogui creyente.  Si mis estudios esotéricos hubieran seguido otra disciplina espiritual, yo habría experimentado mis movidas internas de forma distinta. 

Las fuerzas de nuestro interior son moldeadas por nuestras creencias.   En cada realidad virtual espiritual residen diferentes tipos de energía que dan fuerza y vida al mundo virtual y a sus personajes o deidades, si es que los tienen.  Vuelvo a insistir en la tremenda capacidad creadora de fantasías espirituales de nuestra mente.  El ser humano, con su energía psíquica, y sumergido en una atmósfera sagrada, ha sido capaz de crear innumerables mundos virtuales plagados de unas energías o deidades energéticas de una variedad y de un colorido inmenso.  Ha creído en ellas, las ha sentido, y ha vivido para ellas. 

Las creencias influyen en las experiencias.  Nuestras energías se transmutan en aquello que tenemos fe.  Los escenarios virtuales religiosos, o de cualquier vía esotérica, toman vida real en nuestro interior y en nuestro mundo si creemos en ellos, y nuestras energías internas se moverán en ese escenario, darán vida a los dioses o energías en los que creamos; de esta forma condicionaremos nuestra vida con sus limitaciones, olvidándonos de que todo es producto de nuestra creatividad. 

Para el creyente en su deidad o en su energía particular estoy cometiendo un  tremendo error sacrílego al decir esto, pero seguro que estará de acuerdo conmigo en que las deidades y las energías de las otras religiones son invenciones fantásticas; lo malo es que los creyentes en ellas piensan lo mismo de la suya.  Al fin y al cabo todos los creyentes terminarán dándome la razón cuando trate de examinar una religión o una vía espiritual que no es la suya.

El gran descubrimiento del gran gurú de la física, Albert Einstein, también se puede aplicar las dimensiones mentales o espirituales, pues todo parece indicar que las energías psíquicas o espirituales ni se crean ni se destruyen, únicamente se transforman en las fuerzas, magnitudes, personajes o entidades que contienen la realidad virtual que nuestra fe certifica como real.